Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Diciembre 8 
La participación de María en la salvación de la humanidad

06 de Diciembre 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Diciembre 8 La participación de María en la salvación de la humanidad

Cuando nos estamos preparando para celebrar en la Navidad el misterio de la Encarnación, la celebración de hoy nos recuerda que Dios Padre, anticipando los frutos de la Pascua de Cristo, preservó a la Virgen María de todo vínculo con el pecado y de esta manera preparó una digna morada para su Hijo. Esta predilección de Dios por María está sucintamente expresada en el texto de la oración colecta de esta solemnidad.

Las lecturas bíblicas propuestas para esta celebración nos ofrecen un completo panorama de la historia de la salvación: todo ha tenido origen en la voluntad libérrima de Dios de crear el mundo y de llamar al ser humano a participar de la vida divina. Cristo ocupa el centro de esta realización del amor gratuito de Dios. En este contexto se nos invita a contemplar en la santísima Virgen María el fruto excelso de la obra de la redención.

La liturgia de la palabra se abre con la propuesta de reconducción de la historia de salvación después que el diablo apartó a la primera pareja humana del plan de Dios (Génesis 3, 9.15-20). Varón y mujer estaban desnudos, pero no sentían vergüenza de su desnudez, el pecado trajo un cambio en la manera de entender el propio cuerpo: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». Además, introdujo la malicia en las relaciones humanas, empezando desde la más próxima experiencia de comunión entre las personas: «La mujer que me diste como compañera…».

Al drama del ser humano herido por el pecado Dios responde con la promesa de redención, habrá hostilidad permanente entre el ser humano y el demonio hasta que de entre la humanidad surja quien venza al mal definitivamente. El salmo de meditación hace eco a esta promesa: «El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia».

La segunda lectura (Efesios 1, 3-6.11-12) continúa con la revelación de la justicia de Dios manifestada en la obra de la redención realizada en la historia del mundo a través de Cristo. Este texto tiene dos partes, en la primera expone el proyecto del Padre, proyecto pensado desde la eternidad (antes de la fundación del mundo) y consistente en hacer de cada uno de nosotros un santo ante él. Así se manifiesta el fin último de la creación y de la existencia de cada ser humano: llamados a la existencia por puro y gratuito amor de Dios y destinados a ser transformados por su gracia en santos.

En la segunda parte este texto nos dice de la revelación de este proyecto, aquí el himno de la carta a los Efesios asume que cada persona tiene la capacidad para comprender este plan de Dios que, en Cristo, realiza una alianza que tiene por objeto llevarnos a ser coherederos de la gloria del Hijo de Dios.

En la escena de la Anunciación que leemos en el evangelio (Lucas 1, 26-38) podemos comprender que en la virgen María se ha realizado de manera anticipada y modélica este plan. El anuncio del ángel tiene por objeto primero revelarle a María su participación personal en la historia de salvación, esta participación personal se expone llamándola por el nombre para vincularla con dos etapas de la obra del Mesías: su nacimiento y su entronización como Rey eterno.

En el nacimiento del Mesías, María participa concibiéndolo por obra del Espíritu Santo, dándole a luz e imponiéndole el nombre de Jesús. Participa en el reino que no tendrá fin siendo el primer ser humano plenamente santo e inmaculado ante Dios.

En un segundo plano, el saludo del ángel a María nos deja conocer la acción de Dios en ella. Para su participación personal en la historia de salvación Dios la ha preparado ‘agraciándola’, llenándola de gracia. Esta presentación está en la línea del texto de la segunda lectura: Dios «nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos».

Esto que Dios ha realizado en María, esperamos, por la misericordia divina, se lleve a cabo plenamente en cada uno de nosotros, discípulos de Jesús. La acción salvífica de Dios en María alumbra nuestra vocación a la santidad.

En el contexto del Adviento no hay que dejar de lado que también la escena de la anunciación revela quién es el Mesías que esperamos: Hijo del Altísimo, descendiente de David y llamado a reinar por siempre.

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