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Diciembre 17 / Día segundo

Sabiduría

17 de Diciembre 2014
 Tadeo Albarracín, Pbro.
Sabiduría

Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ven y muéstranos el camino de la salvación.

Isaías había profetizado: «Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un rebrote de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Y se inspirará en el temor del Señor» (Isaías 11, 1-3).

 

En el libro del Eclesiástico leemos: «La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo. En la Asamblea abre su boca, se gloría delante de su poder: Yo salí de la boca del Altísimo, y como niebla cubrí la tierra» (Eclesiástico 24, 1-3).

 

El evangelio según San Juan se abre con este poema:

 

En el principio ya existía la Palabra

y la Palabra estaba con Dios,

más aún, la Palabra era Dios.

Desde el comienzo estaba con Dios.

Todo lo hizo Dios por medio de ella,

y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.

Estaba en el mundo,

un mundo que por medio de ella hizo Dios,

pero el mundo no quiso saber nada de ella.

Vino a su propia casa

y los de su casa no la recibieron.

La Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros;

y nosotros contemplamos su gloria,

la gloria que recibe del Padre por ser Hijo único de Dios

lleno de la gracia y la verdad.

(Juan 1, 1-3.10-11.14)

 

Nuestro Dios en un Dios personal que se da a conocer, que se revela; esta revelación personal de Dios se ha realizado a través de sus obras y de la misma vida de cada uno de nosotros. Dios se ha venido manifestando en la intimidad de cada ser humano como luz, como fuente de vida, como llamada a estar junto a él.

La «Sabiduría que brota de los labios del altísimo» nos lleva a pensar en la palabra. En el plano humano podemos comprender el término ‘palabra’ como todo aquello que uno comunica a los demás, ‘todo lo que uno tiene qué decir’. Esto que uno tiene para comunicar a los demás se expresa no solo a través de la voz; en este sentido quizá la primera palabra con la que uno se comunica, antes de ‘hablar con la boca’, sea la presencia física, el propio cuerpo, los gestos.

De manera semejante, Dios se comunica, a través de la creación, de la belleza, y también ‘habla’ a través de la vida de cada uno de nosotros. En este sentido podemos explicar nuestra existencia como expresión o comunicación de Dios en primer lugar para uno mismo y también para los demás hombres y mujeres; de modo que cada uno de nosotros en cierto sentido es ‘palabra de Dios’, primeramente para uno mismo y luego para los demás.

Sin embargo, en ocasiones al ser humano le cuesta trabajo reconocer la manifestación de Dios en su propia vida y en la de los demás. Las frases del poema con el que principia el evangelio según San Juan presentan la persona de Jesucristo como la manifestación plena de Dios. Dios, que venía comunicándose a través de sus obras y en la vida cada ser humano se manifiesta de manera plena en el acontecimiento de la Encarnación: «La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros».

La Palabra de Dios, por quien han sido creadas todas las cosas, la misma Palabra que resuena en la experiencia humana de todo hombre o mujer, por el misterio de la Encarnación nos revela de modo diáfano la llamada de Dios a cada uno de nosotros. En el misterio de la Palabra hecha carne se nos revela la identidad más profunda y la vocación radical de todo ser humano. Esto es, se nos muestra el camino de la salvación.

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Fuente: Novena de Navidad Plan E, Arquidiócesis de Bogotá

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