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Poco a poco fuimos haciendo camino

16 de Septiembre 2019
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
Poco a poco fuimos haciendo camino

El padre Luis Enrique Valencia Cuéllar nació en Norte de Santander, el 15 de julio de 1932; acaba de cumplir 87 años, que no se le ven si no en su sabiduría. Ágil, divertido y de una conversación envolvente cuenta con sencillez y humor su vida desde Labateca hasta Fusagasugá, en donde vive con tranquilidad sus años de retiro

Cuando cumplió los 70 años pidió un año sabático con la intención de tomarse un descanso luego de haber sido párroco en María Auxiliadora y rector del colegio Adveniat, por cerca de 27 años.

En su casa de retiro, en Fusagasugá, recibió a El Catolicismo y, con precisión y detalle, le contó su vida, salpicada de humor, algunas críticas, experiencias sociales, diversas anécdotas y compromiso cristiano.

El padre Valencia fue monaguillo en Labateca, allí creció en un hogar en el que la mamá, doña María del Carmen Cuéllar, le enseñó la vivencia de la religión desde el amor y la ternura, nada de miedos ni regaños. El papá, don Fortunato, era un lector dedicado, secretario del juzgado del pueblo, se sabía los códigos, pero sobre todo la justicia. Así creció el futuro padre y en una misión de los redentoristas se fue al seminario, en Manizales.

En 1956 fue enviado a España para hacer los estudios de Filosofía y Teología, fue ordenado presbítero el 11 de enero de 1959, en un ambiente ya impregnado por el aroma del Concilio. No era así en Colombia y aunque fue formador y profesor de los redentoristas, percibió un atraso en los métodos y en la evangelización. Entonces, vivió dos cosas importantes en su vida: estudió un posgrado en Sociología en la Universidad Nacional y salió de su comunidad hacia la arquidiócesis de Bogotá.

Su primera parroquia fue Santísimo Redentor, en el barrio La Española, después de ocho años fue trasladado a María Auxiliadora. Fue un “cambio extremo”, del Noroccidente al Suroriente, un poco a regañadientes aceptó y se convirtió en el reto de su vida, fueron 27 años al frente de la comunidad y del colegio Adveniat, el cual recibió en muy malas condiciones académicas y estructurales, pero con fe y empeño, un gran equipo de maestros y la convicción de que lo que hacía era para el futuro reestructuró, compró, amplió, invirtió, inventó e hizo historia.

Allí, siendo un colegio para estratos 1 y 2, logró dos premios a la Excelencia Educativa. Tuvo, antes que nadie, emisora y circuito cerrado de televisión y fue el primero en implementar “la computación”, como se decía entonces. Tenía computadores y televisiones en cada salón. Los evaluadores del Distrito le pidieron que dictara charlas a los rectores para que se dieran cuenta que no se necesitaban grandes capitales para innovar, sólo mente abierta y, como dice él: “pecho al agua”.

 

 

Fuente: Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones

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