Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Agosto 25 
La fe como una lucha intensa y permanente

23 de Agosto 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Agosto 25 La fe como una lucha intensa y permanente

El leccionario de la misa nos presenta este domingo una especie de balance dentro de la actividad docente de Jesús acerca de la formación de los discípulos. A continuación de la confesión de fe de Pedro, «Tú eres el Mesías, el Salvador», Jesús ha venido exponiendo en qué consiste la salvación que Dios está ofreciendo a la humanidad. En la escena que leemos hoy la pregunta de un espontáneo es ocasión para que Jesús recuerde a los discípulos que este don de Dios –que es la salvación– no es un evento que sucede como algo externo a las personas sino un acontecimiento de gracia que cada uno tiene que acoger en su propia existencia.

En la primera lectura (Isaías 66, 18-21) se proclama el mensaje con el que concluye el libro del profeta Isaías: el anuncio del retorno del pueblo de Israel después del exilio en Babilonia. La dispersión del pueblo y el retorno de este es ocasión para anunciar y hacer presente la salvación más allá de la comunidad de Israel porque la situación de los redimidos –sobrevivientes del exilio– es manifestación para todo el mundo de la obra de Dios y a través de la rehabilitación de los exiliados Dios está convocando a los no judíos –extranjeros– para que participen de la salvación.

El evangelio de la misa de este domingo (Lucas 13, 22-30) tiene tres partes, la primera es un breve resumen de la actividad de Jesús, en la segunda Jesús revela que la salvación pide del discípulo un esfuerzo permanente para acoger la salvación, en la tercera parte, mediante una parábola el Señor profundiza la enseñanza de la segunda parte.

El resumen con el que se abre el evangelio de hoy nos recuerda la actividad docente de Jesús haciendo camino hacia Jerusalén, de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo viene enseñando en qué consiste la salvación. En este itinerario hacia la Pascua que se cumplirá en Jerusalén Lucas omite toda referencia a la actividad taumatúrgica de Jesús.

Luego de habernos situado en el camino a Jerusalén, el evangelista nos refiere la expectación de alguien por saber si participará de la salvación que Jesús viene exponiendo, probablemente se trata de uno que ha venido escuchando la enseñanza de Jesús e indirectamente desea que Jesús le confirme que él hace parte del número de los que se salvan: «Señor, ¿serán pocos los que se salvan?». Jesús recoge la inquietud del espontáneo y responde con la invitación a un combate permanente: «Esfuércense en entrar por la puerta estrecha».

En esta traducción el verbo esforzarse corresponde al griego ‘agonízomai’, de donde proviene el sustantivo castellano ‘agonía’. La invitación de Jesús consiste, entonces, en asumir una actitud de confrontación permanente que solo se resuelve con la entrega de la vida, ‘hasta el último suspiro’.

En este punto es útil recordar que la salvación es ante todo don gratuito de Dios; sobre esta certeza de gracia, el episodio del evangelio de hoy viene a recordar también que es mediante la fe como el hombre acoge este don gratuito de Dios.

La escena del evangelio de este domingo nos ofrece una muy comprensible explicación acerca de la fe con la que el hombre se apropia de la salvación que Dios le ofrece; en el evangelio de hoy la fe del discípulo cristiano es presentada como un combate intenso y permanente que solo se resuelve cuando el creyente entregue totalmente la vida.

Esta presentación de la fe como lucha intensa y permanente es ampliada en la historia relatada a continuación por Jesús. Muchos quieren entrar, pocos pueden entrar. La situación crítica se presenta cuando se terminó el tiempo y quienes no han entrado buscan que se abra de nuevo la puerta, en su intento acuden a los recuerdos pasados pretendiendo que con ellos el dueño de casa los ‘re-conozca’: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas».

El amo insiste: «No sé de dónde son». No ha sido suficiente haber escuchado las lecciones del Maestro, se precisa interiorizar esas enseñanzas. Queda aún algo más grave en esta sentencia del dueño de casa, que se repite dos veces, se cuestiona el origen o la fuente que hace vivir a aquellas personas, ‘no sé de dónde vienen’. El desenlace denota más severidad: «Aléjense de mí todos los que obran la iniquidad».

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