Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Agosto 11 
El don del Reino y el corazón que lo busca

09 de Agosto 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Agosto 11 El don del Reino y el corazón que lo busca

Siguiendo la presentación de la salvación como proyecto que se cumple en la existencia concreta de cada persona, Jesús insiste en la necesidad de que el hombre se adhiera activamente a la voluntad de Dios. En el evangelio de este domingo la adhesión al proyecto de Dios se expresa como búsqueda: «donde está su tesoro, allí estará también su corazón».

En la secuencia del evangelio de los domingos, desde hace bastantes semanas Jesús viene explicando en qué consiste y cómo se realiza la salvación que Dios ofrece por medio de su Mesías; en la lección de hace ocho días Jesús advertía sobre la fatalidad que representa orientar la vida hacia la acumulación de bienes efímeros, el anuncio fue claro: «aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes»; esta enseñanza se amplió con una parábola que invitaba a participar activamente en el proyecto que Dios realiza en la historia, tal participación se enunciaba en términos de ‘atesorar para Dios’, es decir, orientando la existencia según el proyecto de Dios que revela el Evangelio.

El evangelio de la misa de este domingo (Lucas 12, 32-48) tiene una estructura similar a la del domingo pasado, al inicio, en una parte breve, hay una sentencia de Jesús; en la segunda parte, esta enseñanza inicial, de tipo sapiencial, se ilustra con un par de parábolas. En el texto de hoy, la expresión sapiencial del inicio invita a la búsqueda del Reino, la explicación a través de las parábolas que le sigue tiene un carácter apocalíptico, es decir, lleva a considerar el cumplimiento del proyecto de Dios con el final del tiempo que significa el retorno del Hijo del hombre con poder y gloria.

La sentencia de tipo sapiencial se ambienta sobre la seguridad de la salvación que Dios ofrece como don gratuito y que los discípulos deben acoger con agradecimiento. El don de la salvación se expone en términos del Reino que el Padre tiene la voluntad de dar, por su parte la acogida con agradecimiento por parte de los discípulos se expresa como recepción sin triunfalismo por parte del pequeño rebaño de Jesús: «No temas, pequeño rebaño, porque su Padre ha tenido a bien darles el Reino». El don incalculable del Reino se acoge en la sencillez.

En este contexto del don y la recepción agradecida, Jesús presenta el Reino con la metáfora de un tesoro y la aceptación de él con un corazón que ama. Porque se ama el Reino, por ello se le busca. Con la metáfora tesoro / corazón, Jesús nuevamente llama la atención sobre la radicalidad en la orientación a Dios. En el esfuerzo de comprender esta radicalidad del corazón que busca el Reino, resulta útil volver sobre la llamada con la que Jesús invita a acoger la salvación: «Si alguno quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz diariamente y sígame» (Lucas 9, 23).

En la segunda parte del evangelio de hoy, un par de parábolas vienen a explicar la sentencia sapiencial de la búsqueda del Reino por parte del corazón que ama, la primera parábola propone la búsqueda como estar en permanente vigilancia; la segunda se ofrece como respuesta a una inquietud del apóstol Pedro sobre los sujetos de esta vigilancia, ‘nosotros o todos’.

En la primera parábola, el mandato de ceñirse la cintura y situar la espera en la noche evoca la cena pascual judía, a la que se refiere precisamente el texto de la primera lectura de hoy (Sabiduría 18, 6-9). Desde la perspectiva de la búsqueda del Reino, se destaca en la parábola el contraste entre la noche, cuando lo normal es que la gente descanse, y la recomendación de ceñirse la cintura, que es la condición de quien trabaja. De modo que la búsqueda del Reino implica distanciarse de lo que hace la mayoría y ocuparse laboriosamente en el proyecto del Evangelio.

Asimismo, se puede reconocer en la parábola la salvación como proyecto que implica que los discípulos pasan del trabajo a la liberación y de allí a la fiesta: «Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela, en verdad les digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo». Como en el cántico del Magníficat, la promesa de

salvación implica la subversión del orden: el señor se ciñe y sirve, el Señor que «derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes, a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos» (Lucas 1, 51-52).

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