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 Apertura del Año de la Vida Consagrada en la Arquidiócesis de Bogotá 

 “Vivir intensamente su vocación de consagrados y ser testigos de la absoluta gratuidad”

 Mensaje del Cardenal Rubén Salazar Gómez 

05 de Diciembre 2014
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones OAC-Bogotá
“Vivir intensamente su vocación de consagrados y ser testigos de la absoluta gratuidad”

El pasado sábado 29 de noviembre se hizo la apertura al Año de la Vida Consagrada en la arquidiócesis de Bogotá. 

Para este encuentro con el que se quiso lanzar oficialmente el año que el Santo Padre Francisco ha querido considerar para la vida consagrada en la Iglesia, el cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá, inició dándole las gracias a todos los consagrados a la vida religiosa y al finalizar nos dio un mensaje para El Catolicismo: 

Te invitamos a escuchar el mensaje del  señor Cardenal

 

“Comenzar por darle las gracias a todos ustedes porque indudablemente la vida consagrada en la Arquidiócesis de Bogotá es una presencia sumamente significativa e importante… si quitáramos la presencia de la vida consagrada de la arquidiócesis de Bogotá sentiríamos un vacío inmenso… porque la realidad es que ustedes están presentes prácticamente en todos los ámbitos”, se refirió a que participan en todas las áreas y escenarios donde la Iglesia arquidiocesana tiene presencia en la capital.  

Su eminencia, habló sobre algo fundamentalmente importante, una de las dimensiones de la vida consagrada, como lo subraya el Papa Francisco,  la comunión. 

 “La comunión tiene que expresarse de una manera muy clara, en las diócesis, una comunión de verdad entre toda la presencia de la vida consagrada y la vida diocesana…la inserción en la vida de una diócesis me parece que es un aspecto que hay que tener muy claro y que es realmente importante…Sino hay esa concreción de comunión con la diócesis se corre el peligro que empecemos a vivir más una teoría o un buen deseo que una realidad”. 

Por esto, invitó a los más de 700 consagrados que participaron de este encuentro, de una manera muy especial, a que empiecen a sentir la Arquidiócesis de Bogotá “como su propia casa, que se sientan en casa, con todo lo que significa la expresión en casa” que no se sientan que están de paso y que cuentan con todo el apoyo del arzobispo para evangelizar.  

Más adelante explicó: “Quiero explicitar esto, en la Arquidiócesis de Bogotá, estamos buscando con el discernimiento de la voluntad de Dios, que se manifiesta en la realidad que se vive, un Plan de Evangelización…el mundo cambia con gran velocidad y  no es el mismo de hace 5 años…todos los días cambia, se nos vuelve un interlocutor más difícil, en el sentido de que si nosotros no estamos muy atentos con una capacidad de captar la realidad, se puede crear distancia entre el mundo y nosotros, por eso es fundamental, descubrir los desafíos que la realidad presenta a la Iglesia”.  

Así comentó el cardenal Rubén Salazar, que hace unos 25 años, el cardenal Revollo quiso iniciar un sínodo en la Arquidiócesis de Bogotá: “Dijo el cardenal que tenemos que buscar que la vida de la Iglesia no sea paralela a la vida de  la ciudad…ese pienso yo es el peligro constante al que nosotros nos exponemos, permanecer aislados cerrados dentro de nosotros mismos y perder toda relación con la ciudad, porque la ciudad va por un lado y va cambiando”.  

“No somos del mundo, sin embargo estamos en el mundo”, dijo su eminencia Rubén Salazar, para decirle a los consagrados que su presencia es significativa en la ciudad y no es cualquier presencia: 

 “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo, la sal para cumplir su tarea debe mezclarse con los alimentos y la luz para cumplir con su función debe estar presente dentro del espacio que debe iluminar…la sal no puede dar sabor separada, alejada de esa realidad que necesita de su sabor, la luz no puede iluminar aquellos espacios sino cuando se compenetra…pero no para que el mundo nos absorba o cambie nuestra identidad profunda, nos corrompa, sino todo lo contrario, podamos ser una presencia transformadora en el mundo”.  

Con lo anterior, el cardenal explicó que la arquidiócesis de Bogotá está trabajando con el Plan de Evangelización, citando a Puebla se refirió a que es absolutamente necesario planear la acción evangelizadora y no improvisar la labor de la Iglesia; hoy la tarea de la Iglesia no es tanto organizar un Plan Pastoral que se limita a los que están dentro del redil sino más bien un Plan de Evangelización que implica salir al encuentro de los alejados, como el papa Francisco lo expresó en un encuentro de Pastoral Urbana.  

También comentó que el pasado jueves, obispos de las grandes ciudades del mundo se reunieron con el papa Francisco y que él debería estar allá, pero que prefirió quedarse para estar con ellos en la apertura del Año de la Vida Consagrada.  

De esta manera, continúo explicando el significado de salir: “No nos miremos a nosotros mismos, que ya no seamos autoreferentes, metidos dentro de nosotros, necesitamos salir a ese mundo multicultural, fragmentado, cada vez más globalizado convertido en pequeñas islas étnicas, que salgamos de nosotros mismos para anunciar que Él vive y va a su encuentro”.  

Sobre este aspecto, puso de ejemplo al papa Francisco, comentando sobre su viaje a Turquía, “muchos periodistas se preguntan qué hace un Papa en una población donde el  97%  es musulmana, qué hace?... va a proclamar el evangelio, con un valor impresionante…los grandes valores del evangelio tienen que iluminar el mundo, salir, es lo que queremos hacer, dejar de pensar solo hacia dentro, necesitamos pensar en las necesidades del mundo”.  

En cuanto a esta realidad, se refirió sobre los mundos más vulnerables: el de las familias, matrimonios, niñez, jóvenes, presos, enfermos, ancianos… “ustedes me dirán eso es lo que nosotros hacemos…en los colegios, hospitales…sí pero hay que hacerlo con  un espíritu nuevo, un espíritu misionero como lo define el papa Francisco, sabiendo que nosotros tenemos que ser siempre misioneros del Señor porque hemos recibido esa misión”.  

El cardenal Rubén Salazar explicó que los consagrados van a ser misioneros en  la medida que testimonien el amor de Jesucristo en todas sus dimensiones y es en la ciudad donde tienen un campo maravilloso de acción. 

“Su vida en sí misma, por el hecho mismo de la consagración es una vida misionera…también es una vida que se vuelve profecía, elementos del lema, son capaces con su vida, entrega, dedicación total y permanente, vivir de una manera diferente a como vive el mundo individualista, fragmentado, egoísta, en ese mundo como consagrados hay que dar testimonio”.  

Con esto, los invitó a leer detalladamente el mensaje del papa Francisco con motivo del Año de la Vida Consagrada: “Ustedes como consagrados tienen que vivir todas las realidades precisamente de una manera tal, que el mundo  se pregunte: ¿quiénes son estos? y ¿por qué viven como viven?”.   

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Posteriormente, una vez más, el arzobispo de Bogotá, el cardenal Rubén Salazar, insistió en que vivan la dimensión de la comunión en la vida consagrada:  

“Quiero invitarlos a ustedes desde donde están en su colegio, asilo, comunidad, casa provincial, se unan en esta gran  marcha a la arquidiócesis de Bogotá, que quiere salir al encuentro del mundo, salir al encuentro de los necesitados en un mundo cada vez más lleno de dolor, afligido y lleno de angustia”.  

Así comentó sobre el caso de una madre de familia cuyo hijo de 16 años intentó suicidarse, tomando unos ácidos y después de que milagrosamente lo salvaran los médicos, dos veces más se ha cortado los brazos. ¿Qué pasa acá? fue su pregunta para un médico psiquiatra que le respondió son entre 15 y 20 casos diarios de intentos de suicidio.  

Sobre lo anterior, el cardenal siguió hablando: “Es un mundo complicado que ha ido perdiendo la esperanza, la alegría, el sentido de vivir, es un mundo vacío, hueco… la locura de las drogas, el sexo…nosotros no podemos seguir pensando solo en nuestra Obra bonita, cuidada, aseada, tenemos que abrirnos a esa realidad”.  

Su eminencia, contó sobre su experiencia de vivir en el centro de Bogotá, donde observa tanta miseria, en especial donde ve por todas partes habitantes de la calle que en su mayoría son enfermos mentales, expresó que “Bogotá es un enorme burdel, por donde uno vaya hay presencia de la prostitución”, comentó que hay gente tan pobre que alquila una cama para dormir una hora en la noche y que se le conoce como “la cama caliente”. 

“No podemos mirarlos con indiferencia, desde el punto de vista social toda esa miseria urbana nos toca, está presente en nuestra vida, para que oremos por ellos, hay que ver nuevos caminos para acercarnos a ellos, de ahí que en el Plan de Evangelización el segundo paso después de salir es acompañar, salir para acompañarnos en la fe, que nos sientan solidarios, que podamos asumir nosotros esa terrible miseria que vive esa persona…salir para acompañar a la gente en su búsqueda de Dios, salir para acompañarlos, para que al mirar ellos nuestro testimonio, modo de vivir y actuar seamos profecía, seamos sal de la tierra y luz del mundo, transformando el mundo desde adentro, desde lo más profundo de los corazones de cada uno”.  

Para afrontar todas estas circunstancias de la actualidad, el cardenal enfatizó en que los consagrados deben ser humildes “se nos pide una profunda humildad”,  que deben renunciar a ver los resultados “no dejar de actuar, trabajar y trabajar sin esperar recompensa, ser capaces de entregarnos totalmente sin esperar  ninguna recompensa”, resaltó que es el Señor, el que se está valiendo de ellos para poder amar a los demás, por lo deben ser testigos de la absoluta gratuidad. 

Así puso el ejemplo del profeta Jeremías y de Moisés donde aparentemente se perciben ante el mundo con historias de fracaso, sin aplausos, como el caso de Jesús “Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, calumniado, ofendido…en este mundo que busca la fama, la plata, el reconocimiento…vale la pena vivir en una dimensión totalmente diferente, la dimensión total de pobreza, obediencia que se expresa en la castidad total, en la oración permanente de cada uno de nosotros.  Necesitamos que no sea una cuestión de fragmentos en la Iglesia, de pequeños grupos, tenemos que lograr una Iglesia pueblo de Dios, toda ella comprometida en camino hacia la salvación, hacia la Jerusalén Celestial”. 

Finalmente, el arzobispo de Bogotá, su eminencia Rubén Salazar Gómez, concluyó diciendo: 

“Queridos amigos, hermanos, hijos, ustedes como  consagrados tienen un papel fundamental en la Iglesia arquidiocesana de Bogotá mi invitación es a vivir intensamente su vocación de consagrados, a descubrir la arquidiócesis de Bogotá como un espacio para vivir su consagración no solo como un territorio o espacio físico, sino como una comunidad, un pueblo que camina, caminar juntos todos, arzobispo, sacerdotes, diáconos, consagrados en diferentes modalidades, laicos…un  pueblo donde se necesitan los unos a los otros, en el cual nadie sobra, -puso de ejemplo las palabras de San Pablo sobre la imagen de la Iglesia como cuerpo- ser verdaderamente un gran cuerpo, unidos, viviendo la comunión profunda en la fe , en la esperanza y en el amor.  Feliz año de la vida consagrada”  

Luego, invitó a orar por el Plan de Evangelización.  

Te invitamos a  escuchar la intervención completa:

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