Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Junio 2 
Una invitación a salir

31 de Mayo 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Junio 2 Una invitación a salir

La celebración de la Pascua en los domingos anteriores nos viene estimulando a tomar conciencia de los frutos de la muerte y resurrección de Jesús en la experiencia personal de cada uno de nosotros; en este contexto la solemnidad de la Ascensión del Señor viene a representarnos una especie de lanzamiento para pasar de la contemplación a la acción. De esta manera nos aprestamos con toda la Iglesia a terminar la cincuentena pascual para introducirnos en la cotidianidad que en el calendario litúrgico representa el llamado ‘tiempo durante el año’.

A partir del texto de la segunda lectura de la misa de este domingo (Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23) podemos entender la Ascensión de Jesús como la culminación de la encarnación del Hijo de Dios.

En capítulos anteriores la carta a los Hebreos viene expresando que el Hijo de Dios asumió una existencia humana, mostrándose así solidario con toda la humanidad; en los versículos que escuchamos hoy nos revela que Cristo, por su muerte y glorificación, abre a la humanidad el camino definitivo hacia Dios.

La segunda lectura se inicia evocando la liturgia penitencial que realizaba el sumo sacerdote en el templo y de ahí pasa a proponernos el sacrificio de Cristo en la cruz como el inicio de liberación definitiva del ser humano de la esclavitud del pecado, pues al ascender Cristo al cielo intercede directamente ante Dios en favor nuestro. Por la encarnación y por su misterio pascual de muerte y resurrección Cristo realiza el camino desde la humanidad hasta Dios y abre este camino para todo ser humano.

Esta comprensión del misterio pascual de Cristo y la participación de los cristianos en él por el bautismo es recogida por la oración colecta de la misa: «la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo»; también esta presentación se contiene en el prefacio de la plegaria eucarística: «[Cristo] no se fue para abandonar nuestra pequeñez, sino para que nosotros, sus miembros, tengamos plena confianza de que lo seguiremos a donde Él, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido».

En el ciclo C del leccionario –el que se sigue este año– el texto de la primera lectura (Hechos 1, 1-11) y el del evangelio (Lucas 24, 46-53) tienen mucha similitud al ser un episodio narrado deliberadamente para hacer el tránsito desde la historia de Jesús hacia la narración de la difusión del Evangelio por la acción del Espíritu Santo en los apóstoles. Desde esta perspectiva se destaca la invitación a ‘salir’.

Los versículos del libro de los Hechos que escuchamos en la primera lectura de la misa de este domingo principian por manifestar la intención de presentar en este libro la difusión del Evangelio de Jesucristo como la prolongación de la experiencia que los apóstoles vivieron con Jesús. Esta experiencia de Jesús con los apóstoles se expresa como un tiempo pleno después de la Pascua, «durante cuarenta días se dejó ver de ellos y le habló del Reino de Dios», y como una realidad de comunión, a través del gesto de comer juntos.

En este contexto de comunión aparecen dos maneras diferentes de comprender el reino anunciado por Jesús; los apóstoles piensan en una ostentación de poder: «¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?», mientras que Jesús comprende la misión como un llamado a la conversión, esto es, estimular al hombre para que, reconociendo la presencia de Dios en su historia personal, se decida a orientar su existencia hacia Dios, de esta manera comienza a manifestase el reinado de Dios.

En la narración del evangelio según San Lucas, durante la última Cena Jesús manifestó a los apóstoles que ellos fueron escogidos para dar inicio al tiempo final de la salvación (ver Lucas 22, 28-30), pero

a ellos les cuesta trabajo comprender que asumir la misión significa correr la misma suerte del Mesías: ser rechazado por las autoridades, morir y resucitar.

Entonces adquiere relevancia el gesto de Jesús mencionado por Lucas en el evangelio de hoy: «Y los sacó [de Jerusalén] hasta Betania». En este contexto se puede entender ‘sacarlos de Jerusalén’ como hacerlos salir de una idea triunfalista del Reino para asumir el testimonio de vida que contagia e invita.

Jerusalén está representando el lugar del templo y de las tradiciones judías; Jerusalén es la sede del sanedrín y de las instituciones que dan seguridad a personas religiosas. Salir de Jerusalén puede significar asumir el estilo desinstalado que vivió Jesús para, de este modo, entrar en el verdadero santuario.

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