Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Mayo 26 
La vida nueva del Resucitado engendra nueva vida en el discípulo

24 de Mayo 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Mayo 26 La vida nueva del Resucitado engendra nueva vida en el discípulo

Durante estos últimos domingos de Pascua la celebración de la Iglesia viene orientándonos hacia la toma conciencia de los efectos de la Pascua de Jesucristo en los discípulos. Consecuente con esto en la oración colecta de la misa de este domingo pedimos al Padre continuar celebrando con sincero afecto estos días de alegría para que quienes participamos en la Eucaristía llevemos una vida cristiana fecunda en obras. Al orar de esta manera estamos confesando que en el cristiano el testimonio de vida es expresión de la comunión con Cristo.

Aunque la comunión de amor con el Resucitado inquieta al discípulo a salir de sí mismo para asumir el estilo de vida de su Señor, no para todos resulta claro que la experiencia de la Pascua lleva al discípulo de Jesús a renunciar a la seguridad que ofrece lo que se ha hecho siempre; precisamente en el texto de la primera lectura de la misa de este domingo (Hechos 15, 1-2.22-29) aflora la situación de unos discípulos que buscan seguir con ‘lo que se ha hecho siempre’.

En la naciente iglesia hay unos cristianos que provienen del judaísmo, ellos fueron llamados a la fe en el único Dios y le han respondido viviendo según las normas promulgadas por Moisés; hay otros cristianos que llegan a la fe desde otras religiones, ellos acogieron la predicación de los apóstoles y comenzaron a vivir el seguimiento del Evangelio. Probablemente descorazonados, quienes vienen de las tradiciones del Antiguo Testamento quieren que los llegados a la fe de otras tradiciones religiosas asuman como ellos los ritos y prácticas que mandó Moisés. Esto dio origen a una seria discusión.

Para resolver esta discordia los apóstoles y los dirigentes de la iglesia madre de Jerusalén se reúnen en el primer concilio y determinan que los cristianos venidos desde otras religiones se cuiden de no escandalizar a los de las tradiciones de Moisés, para ello les prescriben tres preceptos: primero, no comer carnes que hayan sido ofrecidas a los ídolos, pues aunque los ídolos no son nada, alguien con conciencia débil pudiera pensar que comiendo aquella carne se estaría participando del culto a los ídolos; segundo, observar la práctica judía de las comidas en cuanto preparar y consumir carne de animales, para que así judíos y no judíos puedan compartir la mesa; y tercero, acatar las leyes judías sobre el matrimonio.

En el texto de la segunda lectura (Apocalipsis 21, 10-14.22-23) la descripción de la nueva Jerusalén retoma el tema de la integración de la comunidad cristiana con el pueblo de la primera alianza. Después de declarar que la ciudad participa de la gloria de Dios y por ello la irradia, el texto afirma que la muralla de la ciudad santa tiene grabadas en las puertas los nombres de las doce tribus de Israel y que está asentada sobre doce rocas que llevan los nombres de los doce apóstoles de Cristo. La plenitud de la salvación, de la que es imagen la ciudad descrita, no requiere de templo pues toda la ciudad es mansión de Dios.

El evangelio de la misa de este domingo (Juan 14, 23-29) diferenciamos tres partes, la primera recuerda la comunión de los discípulos con Jesús en el amor que viene de Dios, en la segunda Jesús anuncia el envío y la misión del Espíritu Santo en orden a la comunión con los discípulos y la tercera es la palabra de despedida de Jesús: ‘Shalom’.

En el evangelio de la misa del domingo pasado mediante el adverbio ‘como’ –en griego ‘kathós’– Jesús anunció que participa el amor a sus discípulos de manera ellos aman con el amor que él les ha comunicado; en el evangelio de hoy Jesús manifiesta cómo se realiza esta comunión.

Para el cristiano amar es la consecuencia de haber recibido el amor de Jesús, pues el amor recibido de Jesús habilita e impulsa al discípulo a vivir según el Evangelio: «el que me ama guardará mis palabras». Agrega Jesús, además, que esta manera de orientar la vida según el Evangelio realiza la

comunión entre el Padre del cielo y el discípulo. La búsqueda de Dios se ve colmada por el mismo Padre.

En la segunda parte Jesús desvela la manera cómo a lo largo de la historia los hombres de cada época pueden apropiarse del Evangelio; esta es la misión del Paráclito. El Paráclito obra como ‘maestro interior’ que reaviva en el discípulo el recuerdo de las palabras de Jesús y de esta forma introduce al creyente en la comunión de vida con Dios. Más que superar posibles ‘lagunas de memoria’, la actividad del Espíritu Santo está en orden a tomar conciencia del proyecto de Dios realizándose en la historia.

En la tercera parte del evangelio Jesús se despide de sus discípulos con el término hebreo ‘Shalom’ –paz–. Para los hebreos es la forma de saludo y despedida. Cuando uno saluda o se despide expresa a los otros un buen deseo; pero aquí Jesús aclara que su deseo, cuando se separa de sus discípulos, trasciende los anhelos humanos: su deseo de paz no es como el del mundo, pues se trata de un don que solo Dios puede conceder

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