Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Abril 28 
Los frutos de la Pascua de Jesús en la comunidad de discípulos y en el mundo

26 de Abril 2019
LITURGIA Abril 28 Los frutos de la Pascua de Jesús en la comunidad de discípulos y en el mundo

Las escenas de apariciones del Resucitado con las que concluyen los cuatro relatos de los evangelios tienen por finalidad revelar cómo en el seno de la comunidad de discípulos se experimenta la presencia viva de Jesús, generalmente estas escenas tienen tres partes, la escena suele abrirse presentando la situación de duda o de no-fe de los discípulos, en un segundo momento se narra el encuentro o reconocimiento del Resucitado que se deja ver, la escena concluye con el envío misionero.

 En el texto del evangelio de la misa de este domingo (Juan 20, 19-31) se narran dos de estas escenas de aparición del Resucitado a las que sigue la conclusión que el mismo evangelista pone a su relato.

La primera escena de aparición del Resucitado en el evangelio de este domingo se centra en la donación del Espíritu que Jesús, vencedor de la muerte, hace a sus discípulos a fin de que ellos continúen la misión que el Padre le encomendó: «Así como el Padre me envió, los envío yo a ustedes». Esta escena de aparición se ha de ver como continuación de los textos leídos en la celebración del Triduo pascual.

El viernes santo en la lectura de la pasión según San Juan Jesús declaraba desde la cruz «Todo está cumplido» y enseguida el narrador advertía que Jesús «entregó el Espíritu». A continuación, y una vez resucitado, Jesús se reúne con sus discípulos para confiarles la misión que Él recibió del Padre, y con esta finalidad les entrega el Espíritu mediante el gesto de soplar sobre ellos.

El evangelista adata este primer encuentro en la tarde del mismo día de la resurrección, el primer día de la semana; la situación inicial de no-fe en los discípulos se expresa en el hecho de estar en casa, encerrados y con las puertas trancadas por miedo a los judíos. En este escenario el Resucitado viene, se hace presente en medio de ellos y les anuncia que les trae el don de la paz; más que de un saludo aquí se trata de la confirmación del ‘shalom’ para la comunidad.

Conviene recordar que en la Escritura ‘shalom’ es quizá la principal característica de la situación a la que se llega cuando Dios está presente en medio del pueblo; ‘paz’ es tan solo un aspecto del ‘shalom’ hebreo. ‘Shalom’ es el conjunto de los bienes mesiánicos: sosiego, bienestar, libertad, concordia, contemplar con confianza el futuro, tener proyecto, etc.

La reacción primera de los discípulos es alegrarse «al ver al Señor». Pero la escena no concluye con el reconocimiento por la fe, avanza hacia la misión. Ahora los discípulos, que estaban encerrados, se abren a la misión en el mundo.

En el relato del evangelio según San Juan Jesús ha sido presentado primordialmente como el ‘Envidado’ del Padre (cf. 3, 31-34; 5, 30; 7, 17; 8, 16; etc.), ahora el Enviado, muerto y resucitado, envía a sus discípulos. El Envidado envía. Aquí es importante la manera como Jesús propone la misión a sus discípulos.

El texto expresa este traspaso de la misión con las palabras del Resucitado «Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Aquí el adverbio ‘como’ expresa algo más que un modelo o una comparación; en el evangelio según San Juan el adverbio ‘como’ suele indicar ‘participación’, ‘continuidad’, ‘mismidad’. En el presente texto se quiere señalar que los discípulos participan de la misma misión que el Padre encomendó a Jesús, así que la Iglesia viene realizando la misión de Jesús con el mismo amor, con la misma responsabilidad, con la misma eficacia y con las mismas adversidades que el mundo ofrece a Jesús. De modo que, si la misión de Jesús ha sido la de dar vida al mundo, esa es también la misión de los discípulos.

En la segunda escena del evangelio de la misa de hoy tenemos la situación de los discípulos misioneros enviados por el Resucitado y el encuentro con un nuevo creyente. La escena está ambientada de modo similar a la primera, ocho días después, el primer día de la semana, de nuevo

los discípulos reunidos y con las puertas cerradas, en este escenario se manifiesta el Resucitado. Pero ahora las palabras y gestos del Resucitado se dirigen a Tomás.

Tomás está en una situación de no-fe, aunque ha recibido el testimonio de los otros discípulos: «Hemos visto al Señor». Jesús invita a Tomás a reaccionar como un creyente: «No seas incrédulo, sino creyente». Y Tomás responde confesando que Jesús es Señor y Dios; el adjetivo ‘mío’ ‒Señor mío, Dios mío‒ nos sugiere que el discípulo se apersona de la fe, que asume su confesión como algo personal y no simplemente de oídas.

Termina esta segunda escena con la confirmación de Jesús al proceso para llegar a ser creyente. Para llegar a creer es necesario haber visto, no es un reproche a Tomás, es la confirmación de lo que Jesús había dicho al funcionario real en Galilea: “¡Si no ven signos, no creerán jamás!” (4, 48). Pero no todo el mundo puede ver: “Dentro de poco el mundo no me verá; pero ustedes sí me verán, porque como yo tengo vida, también ustedes la tendrán” (14, 19).

En la conclusión de evangelista el autor explica que ahora, cuando no tenemos la posibilidad de ver el cuerpo histórico, físico, de Jesús, los hombres llegan a la fe a partir de la Escritura, de modo que, si en tiempo de Jesús el camino de la fe era ver para creer, en el tiempo de la Iglesia es leer para creer

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