Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Marzo 17 
Acoger la palabra para tener una mirada limpia

15 de Marzo 2019
LITURGIA Marzo 17 Acoger la palabra para tener una mirada limpia

Avanzando en el trabajo de la Cuaresma, la liturgia de hoy busca animar a los cristianos para continuar en la tarea de acoger la palabra, esta perseverancia purifica al discípulo llevándolo a gozar de la mirada limpia necesaria para contemplar y participar de la gloria de Jesucristo. «Dígnate alimentarnos íntimamente con tu Palabra, para que, purificada nuestra mirada, podamos gozar con el resplandor de tu gloria», es la petición de la oración colecta de la misa.

Los textos bíblicos de la misa de este domingo presentan la salvación como ‘éxodo’ para la transformación del ser humano según el modelo de Jesucristo, esto es, salir de sí mismo para asumir la vida que Dios ofrece al hombre. El texto de la primera lectura (Génesis 15, 5-12.1718) principia diciendo que Dios «sacó fuera a Abrahán» para proponerle un ‘éxodo’, lo invita a salir tanto físicamente –de la tienda, de la propia tierra– como a dejar las propias seguridades y certezas. La respuesta del hombre se sella con la Alianza que Dios le ofrece.

En este episodio el narrador ambienta el encuentro del hombre con Dios advirtiendo en Abrahán un sueño pesado acompañado de asombro, algo similar experimentan los discípulos de Jesús en la escena de la transfiguración. Es la manera como la Biblia presenta la reacción del hombre ante el misterio: entre el aturdimiento y el asombro.

En el segundo texto (Filipenses 3, 17–4, 1) San Pablo reprocha la actitud de quienes solo viven para satisfacer las necesidades que les plantean los sentidos, aquellos que andan preocupados primordialmente de agradar al instinto; personas así se manifiestan como «enemigas de la cruz de Cristo». En contraste con esta actitud, el Apóstol afirma que los cristianos esperan que Dios transforme la existencia del hombre haciéndolo partícipe de la Pascua de Cristo. En esto consiste la salvación, en la participación en la cruz de Cristo para entrar asimismo a tener parte en su gloria. «Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso».

Estos dos textos preparan la asamblea para acoger el relato de la transfiguración en el evangelio de la misa (Lucas 9, 28b-36). Luego de ubicar al lector, el evangelista pasa directamente a referir la manifestación de Jesús a Pedro, Juan y Santiago. Lucas destaca que «mientras Jesús estaba orando» cambiaron su rostro y sus vestidos. El rostro indica la identidad de una persona, el vestido su rango social. En el ámbito del diálogo con el Padre, el aspecto de rostro de Jesús manifiesta su identidad verdadera, y sus vestidos adquieren un carácter deslumbrante; con estos cambios se manifiesta que Jesús pertenece a la esfera de lo celestial.

Este Jesús, manifestándose en su identidad divina, conversa con Moisés y con Elías. El evangelista Lucas divulga el contenido de esta conversación, la partida de Jesús: «hablaban de su éxodo, que Él iba a consumar en Jerusalén». Con esta presentación se revela que la Pascua de Jesús abre y realiza el éxodo del nuevo pueblo. Así lo celebra la liturgia de la Iglesia en el inicio de la Vigilia pascual por medio de la procesión con el cirio encendido: la asamblea congregada caminando tras el cirio pascual entra en la iglesia para acoger la palabra, renovar el bautismo y comer la Eucaristía.

La manifestación de Jesús y el anuncio del nuevo éxodo contagian a los discípulos, ellos, entre el aturdimiento –adormilados con Abrahán– y el asombro, quieren participar del éxodo: «Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí!»; y cuando Moisés y Elías comienzan a irse desean prolongar su estancia: «Haremos tres tiendas». Este entusiasmo es moderado por la advertencia del narrador, «no sabía lo que decía». Está bien desear participar del éxodo, pero los discípulos no pueden olvidar que el camino arranca con la Pascua que debe cumplirse en Jerusalén.

Finalizando, esta experiencia es interpretada por la cercanía de una nube y una voz celestial. Desde la tradición del Antiguo Testamento, la nube anuncia la presencia de Dios. El mensaje anunciado –«Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo»– evoca la escena del bautismo de Jesús, pero la versión de

Lucas ofrece una variación, Jesús es presentado como el ‘Elegido’, esta denominación corresponde a la manera de llamar al Siervo de Yahvé (Isaías 42, 1). Con ello se destaca la misión profética de Jesús y la invitación a acoger su palabra.

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