Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA 10 marzo
 La experiencia de la no posesión

08 de Marzo 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA 10 marzo La experiencia de la no posesión

En la oración colecta de la misa de este domingo pedimos al Padre celestial «que las prácticas de esta celebración cuaresmal nos ayuden a progresar en el conocimiento del misterio de Cristo»; de otra parte, el concilio Vaticano II nos ha dicho que «el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium et spes, 22). 

Podemos comprender el trabajo de la Cuaresma en la dirección estrechar nuestra relación con Cristo para aclarar nuestra identidad y nuestra vocación.

En las palabras, actitudes y gestos de Jesucristo se hace manifiesto el proyecto de Dios para el ser humano. Desde esta perspectiva nos acercamos a los textos de la liturgia.

Las lecturas propuestas este domingo para prepararnos a la revelación del evangelio de la misa nos sitúan en el contexto de la profesión de fe. El primer texto (Deuteronomio 26, 4-10) establece una relación entre dos conceptos que nos han servido los domingos anteriores como clave en nuestra lectura del relato del evangelio según san Lucas: Palabra e historia («Esta Escritura que acaban de oír, se cumple hoy»), pues cuando el israelita participa en la liturgia de las primicias de los frutos de la tierra está reconociendo que Dios está actuando en la historia, así que, celebrar es ‘leer’ la historia vivida desde la fidelidad de Dios.

En los versículos que escuchamos en la segunda lectura (Romanos 10, 8-13) San Pablo declara que Dios está cerca de todos, judíos y no judíos, pues Él ha puesto en el corazón de cada ser humano la capacidad de reconocerlo y de hacer profesión de la fe. Para descubrir esta presencia de lo divino en el hombre no hay que recurrir a cosas extraordinarias, solo es necesario contemplar la cercanía de Dios; esta cercanía de lo divino lleva al ser humano a reconocer simultáneamente su fragilidad y la vida plena a la que está llamado.

El texto del Deuteronomio invita a reconocer y hacer pública profesión de la salvación como fidelidad de Dios en la historia del pueblo: «Mi padre fue un arameo errante…»; en los versículos de la carta a los Romanos el punto de partida para la profesión de fe está en la toma de conciencia de la tensión entre lo que el ser humano está llamado a ser y la situación presente de fragilidad: «Porque, si profesas con tus labios que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón…, serás salvo».

Esta tensión entre vocación y fragilidad conduce a la asamblea hasta el texto de las tentaciones en el evangelio de la misa de este domingo (Lucas 4, 1-13). La resistencia de Jesús al diablo determina el camino del crecimiento espiritual del cristiano, en cada una de las tres tentaciones Jesús renuncia a la aparente posesión que puede constituirse en el fundamento de la vida centrada en uno mismo y por ello en la no necesidad de Dios. En el texto de la segunda lectura, el Apóstol expresa que el camino de apertura a Dios principia en el reconocimiento de una carencia; mientras que la tentación consiste en una aparente posesión para asegurar la vida.

La primera tentación del diablo –«Di a esta piedra que se convierta en pan»– está indicando la orientación de la existencia humana dedicada en exclusiva a la satisfacción de las necesidades básicas, es la frustración de «los que ahora están satisfechos, porque pasarán hambre» (Lucas 6, 25).

La segunda tentación –«Te daré el poder y la gloria de todo eso»– señala la actitud de la vida enfrascada es la búsqueda absoluta del poder, sin escrúpulos, llagando incluso a ‘vender el alma al diablo’ –«Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo»–. El poder no basta para constituirnos en hombres.

La tercera –«Tírate de aquí…»– es la tentación de disponer de la muerte y de la vida, de disponerse de uno mismo. Jesús vence al diablo cuando se niega a disponer de su muerte. En la victoria sobre las tres tentaciones Jesús rechaza toda posesión para asegurarse él mismo y revela a los cristianos

que la verdadera vida solamente se garantizará en la situación de carencia: de hambre, de poder y de disposición de la muerte.

Jesús nada posee, ni siquiera a sí mismo; cuando esté ante la multitud hambrienta, repartirá el pan con generosidad; a los Apóstoles les dará poder para liberar a quienes están sometidos al diablo; en la Pascua entregará su vida como testimonio que rubrica su mensaje del Reino. Jesús nada posee. En este domingo la liturgia de la Iglesia pone delante de los cristianos la experiencia de la no posesión como el inicio de la práctica anual de la Cuaresma, esto es, del progreso en el conocimiento del misterio de Cristo.

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