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En Navidad, Misericordia es acoger al migrante y forastero

24 de Diciembre 2018
En Navidad, Misericordia es acoger al migrante y forastero

¡Abran sus puertas al Mesías que ya llega a Belén! ¡Preparen un regazo al Niño Dios que de la Virgen se dispone a nacer! ¡Brinden hospedaje a Aquél creador de todo, por quien todo será renovado, pues su misericordia alcanza a todos los hombres!

José y María buscaron en Belén una posada, pero, por la afluencia de aquellos que habían subido al censo decretado por el emperador Augusto, no hallaron hospedaje en las humildes casas de aquella ciudad. El Hijo de Dios, en el vientre de María, buscó un lugar para nacer, para comer, para sentir calor y cariño. Pero muchas puertas se cerraron; solo en la pesebrera halló un espacio para Él.

Los migrantes, los desplazados, los forasteros, son los nuevos cristos que buscan alojamiento entre nosotros, y no podemos ser indiferentes a su clamor. Escribe el papa Francisco: “quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz». Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino. Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.”

En Navidad, el Mesías espera que le acojamos. Y le acogeremos en los más frágiles y desamparados, en aquellos que necesitan nuestra ayuda, en aquellos que esperan que obremos con misericordia. La misericordia en la Iglesia la vivimos al compadecernos de los más necesitados y practicar la caridad con ellos. En esta misión todos tenemos un lugar y una labor, para solidarizarnos con los más pequeños y despreciados a los ojos del mundo. 

Acojamos al Mesías perdonando a quien nos ofendió; acojamos al Niño Dios dedicando tiempo a quien necesita ser escuchado; acojamos al Salvador compartiendo en familia, celebrando juntos la fe, sentándonos a la mesa para compartir la cena, sonriendo juntos, dándonos un abrazo en Navidad, y proclamando que la misericordia de Dios nos lleva a amarnos por Aquél que siendo Dios se hizo hombre.

La Navidad comienza hoy y ahora. Ahora es tiempo de valorar al otro, de confiar más en el otro, de ser agradecidos y detallistas, de orar por el otro incluso por quien nos hizo daño, de llamar al otro y preguntarle cómo está, de decirle que le queremos, que le extrañamos y que pronto iremos a verle. Ahora es el tiempo de mirarnos cara a cara y de reconocernos cercanos, amados por Dios y llamados a amarnos como Él nos ama.

Compartamos entre nosotros: A partir de lo escuchado, ¿a quién debo acoger en esta Navidad y de qué manera?

Como gesto de fraternidad, compartamos ahora un abrazo de Navidad.

 

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