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El Pueblo de Dios necesita ser formado y necesitan que se les incentive a la espiritualidad como medio para acercarse a Jesucristo por lo cual, éste es el espacio propicio para ello.

El niño de Belén es el Príncipe de la Paz

17 de Diciembre 2018
El niño de Belén es el Príncipe de la Paz

Oh, Niño Santo, que en la aldea de Belén resplandeciste en brazos de María, déjanos contemplar tu figura, déjanos oír tu voz, pues en ti la esperanza se renueva y la paz brilla como el sol.

L a vida sin Dios es camino en oscuridad, es noche sin aurora. Pero en la Navidad el Señor hará prevalecer la luz sobre las tinieblas y vencerá. Su nacimiento será luz que alumbrará las sombras del pecado, de la violencia y de la discordia. Isaías profetizó este tránsito de las tinieblas a luz con la llegada de Cristo; por eso escribió: “El pueblo que caminaba en la noche divisó una luz grande; habitaban en tierra de sombras, pero fueron iluminados. Tú los has bendecido y multiplicado, los has colmado de alegría. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: «Consejero admirable, Dios fuerte, Dios eterno, príncipe de la Paz.»” (Isaías 9,1-2a.5).

La luz del Niño de Belén es el reinado de la Paz. Así como la luz iluminó el camino oscuro del pueblo hebreo, del mismo modo el Mesías quiere iluminar nuestra vida hasta hacer retroceder la violencia y la 22  Arquidiócesis de Bogotá discordia que en nosotros habita. Cristo, el Príncipe de la Paz, quiere reinar entre nosotros para que sea su luz y no el pecado el que inspira la vida en los hogares y sectores. 

Entre nosotros reinará la paz si dejamos que el modo de tratarnos esté inspirado por la manera de ser de Jesús. Para ello, lo primero que debemos hacer, como lo escribía el profeta Isaías, es “divisar la luz grande”, es decir, levantar la mirada al cielo y contemplar el misterio de Navidad que está próximo a revelarse, pues, si vemos la luz de Cristo, podremos ver a los otros con la luz de Cristo. No podemos ser luz si no nos ilumina la luz de Dios, si no le buscamos en el pesebre y le contemplamos, si no damos testimonio de su amor y de su paz. Él fue compasivo, amable, tolerante en el trato con el prójimo por el amor que le habitaba, y todo el conjunto de sus obras y palabras revelaron la paz que Él quiere instaurar al conmemorar su venida al mundo. A los discípulos les dijo: “he hecho esto para que ustedes hagan lo mismo”; por eso, en este segundo día de novena, examinemos si nuestro modo de proceder refleja el modo de ser de Jesús.

Muchos propósitos de paz en el país perecen porque esperamos que otros hagan la paz sin nosotros mover un dedo. En ese sentido, la paz depende de todos. Cuando favorecemos entre nosotros gestos de fraternidad, de tolerancia, de solidaridad y de justicia social sembramos la paz que Cristo quiere hacer florecer con su venida al mundo.

Compartamos entre nosotros: ¿Mi modo de ser y de vivir comunica paz a los otros?

 

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