Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Diciembre 2 
Dios viene realizando su proyecto de salvación en nosotros

30 de Noviembre 2018
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Diciembre 2 Dios viene realizando su proyecto de salvación en nosotros

 Dios ha creado a cada ser humano a su imagen y como semejanza de Él (Génesis 1, 26), pero por el pecado del hombre este proyecto de Dios tuvo que ser redimido por la Pascua de Jesucristo. En la liturgia de este domingo la fe de la Iglesia confiesa que la vida cristiana de cada uno de nosotros es fruto de la gracia de Dios que transforma de día en día nuestra existencia para hacernos cada vez más semejantes a Jesucristo; de modo que podemos comprender la vida cristiana como el irse cumpliendo en nuestra existencia este proceso de ‘cristificación’ que Dios llevará hasta su total cumplimiento en la plenitud de su Reino.

Estas semanas de Adviento son una ocasión propicia para que tomemos conciencia de la vida cristiana como proyecto de Dios realizándose en la historia personal de cada uno. La salvación como proyecto que se realiza en la historia es, de alguna forma, el motivo de la petición de la oración colecta de la misa de este domingo «Concede a tus fieles, Dios omnipotente, el deseo de salir al encuentro de Cristo por la práctica de las buenas obras», pedimos al Padre del cielo nos conceda su gracia para que este amor suyo, que es la gracia, avive en nosotros el deseo de hacer el bien –práctica de buenas obras– a fin de que cuando Cristo venga al final del tiempo seamos reconocidos como aquellos en donde se manifiesta su victoria pascual.

Esta petición es un eco del texto de la segunda lectura de la misa de este domingo (1Tesalonicenses 3, 12–4, 2): «Que el Señor los colme y los haga rebosar de amor (…) de modo que se presenten ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos (…) Compórtense como nosotros y sigan adelante».

Y cuando hablamos de proyecto, hablamos de tiempo. En este sentido, los Padres de la Iglesia –los pastores de los primeros siglos del cristianismo– hablaban de ‘Historia de salvación’ para expresar que la salvación que Dios nos ofrece por Jesucristo es un plan que se viene cumpliendo en el tiempo del mundo y en el tiempo de cada persona hasta alcanzar plenitud en Dios.

Estas semanas de Adviento nos pueden ayudar a tomar conciencia del tiempo como componente de la vida humana y esta toma de conciencia puede ser a su vez punto de partida para ahondar en el sentido propio de la esperanza cristiana, pues la esperanza cristina es la contemplación anticipada del futuro nuestro en Dios.

En la primera lectura de la misa de hoy escuchamos unos versículos del libro del profeta Jeremías (Jeremías 33, 14-16). En la Biblia, el profeta es un hombre inmerso en el proyecto de Dios y ello le permite ser consciente de cómo se va cumpliendo en el tiempo el plan de Dios, por eso el profeta es animador de la esperanza ya que ayuda a los hombres y mujeres de su tiempo a desentrañar cómo se está cumpliendo el proyecto de salvación en las contingencias de la historia. Animar la esperanza es lo mismo que hacer comprender que la propia historia es Historia de salvación.

Así las cosas, el profeta va mostrando de qué forma el paso del tiempo va revelando la fidelidad de Dios y simultáneamente cómo se requiere del paso del tiempo para que madure en cada uno de nosotros el proyecto de Dios.

En el texto del evangelio (Lucas 21, 25-28.34-36) tenemos dos fragmentos del discurso de Jesús sobre el final del tiempo. En el primero Jesús refiere como señales anunciadoras de su segunda venida fenómenos de agotamiento en el cielo y en la tierra, y tras este final la presencia de él como juez y como Salvador. Como juez «verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria», y como Salvador ya que su retorno es ocasión para que quienes han madurado en el proyecto de Dios puedan levantarse con la frente erguida ante la inminencia de la plenitud, de la liberación definitiva.

En el segundo fragmento del evangelio Jesús anima nuestra esperanza proponiéndonos ser conscientes de que la gracia de Dios, que hace fiel a los discípulos, nos va preparando para el encuentro con el Hijo del hombre.

El mundo se desmorona y con él quienes se han cerrado al proyecto de Dios, para ellos la llegada del Hijo del hombre no es ocasión de liberación sino de temor. Por ello pedimos que la gracia del Adviento nos haga desear que la transformación de la Pascua de Jesucristo produzca en nosotros frutos de buenas obras.

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