Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Noviembre 25 
Un reino que está aquí, pero que no es de aquí

23 de Noviembre 2018
LITURGIA Noviembre 25 Un reino que está aquí, pero que no es de aquí

Permanentemente la Iglesia nos está invitando a profundizar en la fe y con ello ser conscientes de nuestra vocación a la santidad a partir de nuestra relación con Jesucristo: «Con Cristo soy sepultado y con Cristo he de resucitar; soy llamado a ser coheredero de Cristo e hijo de Dios» (San Gregorio Nacianceno, Sermón 7). Para ello la Iglesia nos propone conocer el misterio de la vida de Cristo y nos estimula a entrar en comunión con su vida de manera que así podamos seguir el camino que Él nos abrió hacia el Padre del cielo. Uno de los medios que nos ofrece la Iglesia para estos fines es el Año litúrgico.

En el transcurso de las cincuenta y dos semanas que tiene un año, la Iglesia desarrolla todo el misterio de la vida de Jesucristo, desde la expectativa que animaron los profetas en torno a la esperanza del Salvador, pasando por el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y continuando por su predicación y actuar en su vida pública hasta el memorial de su misterio pascual de muerte, resurrección y ascensión al cielo junto con la espera de su retorno al final del tiempo. Esto es el año litúrgico: el memorial de la obra de Jesucristo vivido y celebrado en el lapso de un año.

Recordamos esto porque hoy, con la solemnidad de Cristo Rey, iniciamos la última semana del año litúrgico. La liturgia de este domingo nos invita a contemplar anticipadamente la plenitud de la obra redentora de Cristo, quien por su muerte y resurrección «ha renovado todas las cosas», por ello concluimos el Año litúrgico con la solemnidad de Jesucristo, Rey de todo el universo.

La salvación que Dios nos ofrece por medio de la Pascua de Jesucristo tiene alcance universal, la gracia liberadora de la muerte y resurrección de Jesucristo restituye a todo el cosmos la bondad con la que Dios creó todas las cosas; esta renovación de la creación, que comenzó en la resurrección de Jesucristo, hoy se manifiesta en nuestro mundo a través de la comunidad de los discípulos de Cristo. En este sentido San Pablo escribió en la carta a los romanos que «toda la creación está esperando ansiosamente la revelación de los hijos de Dios» (Romanos 8, 19).

En el evangelio de la Misa de este domingo (Juan 18, 33b-37) leemos la primera parte del juicio de Pilato a Jesús, este texto nos ayuda a comprender cómo la obra de la salvación empieza a manifestarse aquí y ahora.

En el relato de la pasión que nos ofrece el evangelio según San Juan, las autoridades Judías llevaron a Jesús ante el gobernador Poncio Pilato para que decrete sobre él la pena de muerte; alguna información de oídas tiene el gobernador y ahora pregunta a Jesús mismo sobre su identidad y misión, «¿Eres tú el Rey de los judíos?».

Jesús responde preguntándole al representante del Imperio Romano si la consideración sobre su realeza proviene del Imperio o de la masa enardecida que afuera del pretorio aguarda su condena. Pilato aclara de manera despectiva que el Imperio no tiene inquietud alguna por un asunto particular de los judíos.

Cuando Pilato ha dicho que el Imperio no se turba ante las discusiones internas del judaísmo, Jesús declara que su proyecto de reino tampoco se confronta con el poder de los judíos, puesto que el reinado que él establece no se funda en los criterios de los poderosos del mundo que acuden a la fuerza para imponerse: «Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos».

Pilato busca aclarar en qué consiste esta ‘tercera vía’, pues si no opaca a Roma ni entra en conflicto con el judaísmo, ¿de qué reino se trata?

Cuando leímos, en el capítulo seis del evangelio según San Juan, el episodio del pan repartido generosamente, quienes comieron hasta quedar satisfechos quisieron llevarse a la fuerza a Jesús para hacerlo rey (Juan 6, 15). Hoy Jesús aclara que el origen de su realeza no obedece a estrategias

y componendas que suelen darse entre la gente. El origen de su realeza está en la voluntad de Aquel que lo envió al mundo.

Aquí es importante notar que aunque el origen de la realeza de Cristo no se explica según las estrategias de poder a las que estamos habituados, su realeza sí se cumple entre nosotros, en el mundo. Comentando esta frase del evangelio, San Agustín explica que Jesús «no asevera: ‘Ahora en cambio, mi reino no está aquí’, sino: ‘No es de aquí.’» (Tratado 115 sobre el evangelio de San Juan, 2). La realeza de Cristo no es de aquí, pero está aquí.

Cristo ejerce su realeza a través de su palabra, esto es, a través de la revelación del proyecto del Padre: «He venido al mundo para dar testimonio a favor de la verdad». Evidentemente que esta revelación es mucho más que develar un contenido teórico, se trata de la verdad que crea comunión con Dios: «todo el que está por la verdad, escucha mi voz». En el evangelio según San Juan, ‘escuchar’ a Jesús es acoger su palabra con la obediencia de la fe (véase Juan 10, 27).

La realeza de Cristo se va manifestando en la situación de hombres y mujeres que desde una profunda libertad acogen su palabra y la van poniendo por obra, de modo que Cristo reina en nuestro mundo hoy por la fidelidad de los cristianos al proyecto del Evangelio.

Comentarios

[[ comment.author.username ]] dice:

[[ comment.publication_date ]]
No hay comentarios recientes
« Volver a Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Desarrollo San Pablo Multimedia