Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Noviembre 4
Un mismo amor en dos direcciones

02 de Noviembre 2018
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Noviembre 4Un mismo amor en dos direcciones

Hace ocho días la escena del ciego Bartimeo marcó el final de la segunda parte del relato de Marcos: la formación de los discípulos; en estos tres domingos que siguen el evangelio de la misa nos presenta a Jesús en el atrio del templo de Jerusalén expresando sus últimas enseñanzas al pueblo en general.

La escena del evangelio de este domingo (Marcos 12, 28b-34) nos presenta un diálogo amable entre un escriba simpatizante de Jesús y el Maestro. En el escriba no hay doble intención, desde la admiración por Jesús él quiere que Jesús le ayude a clarificar la jerarquía de los seiscientos trece mandamientos con los que los fariseos pretendían asegurar la obediencia total a Dios: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Jesús sintetiza la ley entera en dos mandamientos: el amor a Dios y el amor a los hombres. El punto focal, pensamos, está en el amor en estas dos direcciones.

En la experiencia del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento resulta primordial el amor de Dios para comprender la naturaleza y la historia del pueblo: «Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió no fue por ser ustedes más numeroso que los demás –porque son el pueblo más pequeño–, sino por puro amor suyo, por mantener el juramento que había hecho a sus padres, los sacó de Egipto con mano fuerte y los rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto» (Deuteronomio 7, 7-8).

Para la sagrada Escritura el amor es la actitud de Dios para con Israel, la revelación de Jesucristo nos lleva a ser conscientes de que amor es la actitud de Dios para con cada ser humano; desde esta perspectiva se puede comprender la Ley como expresión de la voluntad de Dios exigiendo amor para corresponder al amor. Al sintetizar Jesús todo el andamiaje legal en un único amor en dos direcciones nos está llamando a dejar ver lo más noble y profundo de nuestro propio ser.

En su respuesta al escriba Jesús cita un texto del libro del Deuteronomio (6, 4-5) que principia por recordar la unicidad de Dios: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor» y con base en ello reclama un amor pleno.

En la respuesta de Jesús citada por Marcos esta plenitud se expresa con una frase de cuatro elementos: 1) todo tu corazón, 2) toda tu alma, 3) toda tu mente y 4) todo tu ser. El sustantivo corazón (‘kardía’ en griego) hace referencia a la intimidad de la persona; alma (‘psyché’) a la vida entera; mente (‘dianonías’) a la lucidez, y ser (‘ischys’) a todas las posibilidades tanto intelectuales como materiales de que dispone la persona.

Es muy sugerente que mientras que en la citación de Jesús hay cuatro expresiones de la plenitud del amor a Dios, en la aseveración del escriba esta misma plenitud se exprese a través de tres elementos porque parece que reúne ‘alma’ y ‘mente’ en el término ‘entendimiento’. Comprendemos que al juntar alma y mente en ‘el amor con todo el entendimiento’ lleva al discípulo a discernir y concluir que el amor «vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús sintetiza la Ley en el amor a Dios y al prójimo, pero es importante fijarnos que este amor, que como hemos dicho es la actitud de Dios hacia el ser humano, antes tuvo que haber sido experimentado como amor a uno mismo. Quizá en tiempos pasados no se le prestó atención al ‘amor a uno mismo’, e incluso se vio como un riesgo que le impediría al discípulo salir de sí mismo, como propone Jesús.

El amor a uno mismo es el fruto de captar y acoger sinceramente la actitud de Dios hacia la propia persona, es percibir la gratuidad de la vocación a la existencia. El ser humano en su indigencia acoge la actitud de Dios y de esta manera puede ser consciente de ser amado por Él gratuitamente; esta experiencia de reconocerse destinatario de las actitudes bondadosas de Dios

se traduce en amor a uno mismo. En este sentido el amor a uno mismo puede ser reconocido como gracia, es decir, como acción salvadora de Dios en mi propia experiencia de sentirme existiendo.

Desde esta comprensión del amor a uno mismo como fruto de la gracia de Dios en mí, el mandato de amar al prójimo pasa a ser la manara de compartir esta experiencia íntima con los demás. Así el amor a los otros lejos de ser una obligación se convierte en gozo.

Nuestro servicio de evangelizar tiene su inicio en la experiencia íntima de descubrir la actitud de Dios hacía cada uno de nosotros, esta actitud de Dios en la persona enciende el amor a sí misma y esta experiencia de descubrirse amado gratuita y generosamente por Dios es lo que estamos llamados a compartir para estimular en los hermanos búsqueda similar.

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