Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Octubre 14 
Lo que los ricos no pueden poseer

12 de Octubre 2018
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Octubre 14 Lo que los ricos no pueden poseer

Al final del evangelio de la misa del domingo anterior Jesús advertía sobre la necesidad de recibir el Reino de Dios como un niño.

Con ello el relato de Marcos nos introduce en el tema de la riqueza como obstáculo para que en el ser humano se realice el proyecto de Dios. Siguiendo con la lectura del evangelio según san Marcos, hoy se nos revela la antítesis del niño: aquel que pone su confianza en las riquezas; en la enseñanza de Jesús, lo opuesto a ser como un niño es ser rico.

En los últimos domingos venimos leyendo en el evangelio de la misa la segunda parte del evangelio de Marcos en la cual aparece como la principal preocupación de Jesús la formación a sus discípulos, mientras hacen el camino hacia Jerusalén; dentro de esta formación de discípulos, el domingo pasado iniciamos la lectura de una serie de tres episodios en los que un grupo de fariseos, un hombre rico y dos discípulos abordan a Jesús para plantearle sendas inquietudes; estos encuentros tiene un aire polémico, pero estas controversias son ocasión para que se nos revele la respuesta del Maestro, que no deja de ser ‘subversiva’ en el sentido propio de la palabra subvertir, esto es, invertir el pensamiento que se considera aceptado o aceptable por la sociedad. Es así como va alumbrándose el talante ‘subversivo’ del discípulo de Jesús presentado al inicio del camino como invitación a ‘cargar la cruz’.

En cada uno de estos tres episodios, luego de la controversia del personaje (o personajes) con Jesús, el Maestro se reúne con los discípulos para llevar a la experiencia del discipulado aquello que ha aflorado en la controversia. Veamos esta estructura en el evangelio de la misa de hoy (Marcos 10, 17-30).

El evangelista nos refiere que una persona bien intencionada se acerca corriendo a Jesús y le formula una inquietud: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?» Se trata de un israelita piadoso, observante de la Ley, que ha comprendido la necesidad de agregar obras a la fe.

Interrogado por el ‘hacer’, Jesús responde a su interlocutor con lo que se conoce como ‘segunda tabla de la Ley’, esto es, los mandamientos para con el prójimo.

Ante la propuesta de Jesús, el piadoso israelita se siente satisfecho porque puede afirmar: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud», lo que podría interpretarse: ‘desde que entré en mi juventud’; o dicho de otra forma, ‘desde que dejé de ser niño para entrar en mi juventud’. Aquí el texto conecta con la situación que leímos al final del evangelio del domingo anterior: «el Reino de Dios pertenece a los que son como niños».

La insistencia en el hacer ha despojado a este personaje de la condición que Jesús anuncia como necesaria para entrar en el Reino: «En verdad les digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

De nuevo interviene Jesús y dice que todo el hacer no es suficiente. El Maestro lo mira amándolo y lo invita a ser discípulo, a asumir el estilo de vida del Maestro: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme». Desprenderse de todo en favor de los pobres, como ha hecho Jesús; acumular un tesoro en el cielo, esto es, experimentar que Dios lo es todo. Jesús propone a este hombre pasar de estar satisfecho porque hace, a comenzar a vivir ya desde ahora y aquí la vida que Dios quiere para el ser humano.

Pero este hombre tiene un enorme impedimento: es rico, es decir, ha puesto su confianza en el mérito de las obras que hace. Pero como no está dispuesto a volver a ser como un niño, se va enfadado.

En la segunda parte, Jesús amplía y aplica a la comunidad de sus discípulos lo presentado en el encuentro de la primera parte. Mirando alrededor Jesús agrupa a sus discípulos para proponerles

una enseñanza fundamental. En esta ocasión la instrucción de Jesús va ‘in crescendo’, primero habla de la dificultad de «los que tienen la riqueza» para entrar al Reino; luego dice la imposibilidad de los ricos para entrar el Reino. La advertencia de Jesús pasa de ‘dificultad’ a ‘imposibilidad’; dificultad de quienes tienen puesta su confianza en las riquezas e imposibilidad de los ricos.

Esta imposibilidad de los ricos desconcierta a los discípulos, probablemente acostumbrados a pensar, como nosotros, que a un rico no se le cierran las puertas, que un rico todo lo puede conseguir. Pero el proyecto al que nos invita Jesús es subversivo, el Reino no se puede comprar, es don, regalo, de Dios para los hombres y que hay que recibirlo como un niño recibe las cosas, es decir, desde la gratuidad.

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