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El obispo de Ocaña, Gabriel Ángel Villa-Vahos, presentó su intervención en el sínodo

11 de Octubre 2018
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
El obispo de Ocaña, Gabriel Ángel Villa-Vahos, presentó su intervención en el sínodo

Monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, obispo de Ocaña y presidente de la comisión de Ministerios Ordenados, participa en representación de Colombia en el Sínodo de los jóvenes que se adelanta en Roma, ayer hizo su intervención, con el tema: "El acompañamiento vocacional desde la dirección espiritual"

El prelado resaltó la importancia del acompañamiento en el camino de la fe y de la vocación de los jóvenes. "Cuando se presentan tantas situaciones en las que muchos de ellos carecen de un referente sólido, por la desintegración de la familia, el influjo de los mass media, la soledad, los vacíos y desequilibrios que estas y otras experiencias les ocasionan, se requiere, como lo piden los mismos jóvenes, de un acompañamiento desde el testimonio y de la humanidad de los acompañantes”, afirmó.

 Durante su intervención recordó que la vocación es un llamado que Dios hace de manera particular a cada persona, pero esto implica recibir un acompañamiento espiritual que ayude a direccionar el camino y tomar la decisión más acertada.

 “Ofrecer el acompañamiento es un deber ministerial. Acudir al acompañante es un acto de humildad; es aceptar que uno no tiene el monopolio de la voluntad de Dios sobre uno mismo; es aceptar la mediación de un hombre de Dios, representante de la Iglesia, para descubrir el plan que Dios tiene para cada uno”, aseguró.

 Así mismo, aclaró que, si bien las ciencias psicológicas están al servicio de la espiritualidad, no es aceptable que la dirección espiritual de un joven quede desplazada o suplantada por la psicoterapia.

 Frente a las necesidades que viven hoy los jóvenes de ser escuchados, el prelado insistió que “se requiere de ministros más comprometidos con la dirección espiritual, que la entiendan como un camino de crecimiento; primero para ellos mismos, no dejando solamente este ejercicio para el tiempo de la formación, sino recibiéndola durante su ministerio y luego desde la experiencia vivida y valorada  ofrecerla especialmente a los jóvenes con espíritu de fe y respaldada con un auténtico testimonio de vida”, aseguró.

Su intervención finalizó asegurando que desde la Iglesia se debe ofrecer a los jóvenes un verdadero acompañamiento de dirección espiritual, como “experiencia fuerte de discernimiento”.

La reflexión ofrecida por monseñor Villa Vahos, estuvo centrada en el Capítulo IV del documento Instrumentum laboris de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos cuyo tema es: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”:

 

Instrumentum laboris, II Parte, capítulo IV, “El arte de acompañar”, 120 y siguientes

Todos los jóvenes sin excepción tienen el derecho a ser acompañados en su camino de fe (120).

Hoy se hace muy importante el acompañamiento en el camino de la fe y de la vocación de los jóvenes, cuando se presentan tantas situaciones en las que muchos de ellos carecen de un referente sólido, por la desintegración de la familia, el influjo de los mass media, la soledad y los vacíos y desequilibrios que estas y otras difíciles experiencias les ocasionan. Se requiere, como lo piden los mismos jóvenes, un acompañamiento desde el testimonio y de la humanidad de los acompañantes.

El acompañante ayuda al acompañado a reconocer y acoger la acción de Dios que pasa como Salvador y Señor por su vida y le llama a seguirle según un proyecto de vida. El acompañamiento es un dinamismo privilegiado de la pastoral juvenil y vocacional. A través del mismo es posible detectar y orientar con profundidad las inquietudes y signos vocacionales y ayudarles a personalizar su proyecto de vida cristiana específica.

Si bien es cierto que la vocación es una llamada que Dios hace a cada uno, y que nadie puede escucharla por otro, ni responder a ella en su lugar, también es cierto que hay necesidad de alguien que acompañe en el camino de discernimiento vocacional y de este modo ayude a direccionar la decisión más adecuada.

Ofrecer el acompañamiento es un deber ministerial. Acudir al acompañante es un acto de humildad; es aceptar que uno no tiene el monopolio de la voluntad de Dios sobre uno mismo; es aceptar la mediación de un hombre de Dios, representante de la Iglesia, para descubrir el plan que Dios tiene para cada uno.

El fin del acompañamiento es el que el joven y todo cristiano responda adecuadamente a la voluntad de Dios sobre su vida. El medio que utiliza es el discernimiento. Un instrumento privilegiado, la dirección espiritual.

La dirección espiritual, entendida como acompañamiento para el discernimiento, como la ayuda que una persona de fe, mediante una comunicación de fe, da a otra, para que llegue a sí misma a la plena verdad, es hoy una herramienta que debemos re-descubrir en la Iglesia. El acompañante espiritual ayuda a mostrar el camino. El acompañado, libremente emprende el camino y el itinerario de la vida espiritual hacia la santidad, aprendiendo a descubrir la voluntad de Dios en la vida concreta de cada día, mediante el ejercicio mismo del discernimiento.

La dirección espiritual se convierte así en una experiencia fuerte de discernimiento espiritual: se trata de hacer capaz a otro de hacer discernimiento y no solamente de resolver problemas ocasionales

No obstante, la importancia que tienen hoy las ciencias auxiliares como la sicología al servicio de la espiritualidad, no es aceptable que la dirección espiritual quede desplazada o suplantada por la psicoterapia.

Ante la necesidad que sienten los jóvenes de ser escuchados, se requiere de acompañantes de sólida fe, sólida madurez humana y que entiendan la dirección espiritual como parte muy importante de su ministerio sacerdotal.

Tal vez la dirección espiritual se ha quedado en esferas muy clericales, y peor aún, sólo para el tiempo de la formación inicial en los seminarios. Hoy se requiere de ministros más comprometidos con la dirección espiritual, que la entiendan como un camino de crecimiento, primero para ellos mismos, no dejando solamente este ejercicio para el tiempo de la formación, sino recibiéndola durante su ministerio y luego desde la experiencia vivida y valorada ofrecerla especialmente a los jóvenes con espíritu de fe y respaldada con un auténtico testimonio de vida.

En estos tiempos, el acompañamiento desde la dirección espiritual, se convierte además en una oportunidad para ofrecer una visión positiva del ministerio, con una cercanía sincera, sin segundos y malintencionados fines, precisamente cuando por los lamentables escándalos de algunos se ha querido desprestigiar el ministerio. Tenemos la oportunidad en la Iglesia católica de ofrecer a nuestros jóvenes un sincero acompañamiento desde la dirección espiritual, como experiencia fuerte de discernimiento.

 Imagen:http://www.synod2018.va/content/synod2018/es.html

Fuente: CEC

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