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Madre Laura Montoya, primera santa de nacionalidad colombiana reconocida en la Iglesia Católica

21 de Octubre 2015
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones, OAC - Bogotá
Madre Laura Montoya, primera santa de nacionalidad colombiana reconocida en la Iglesia Católica

El día 20 de diciembre del año 2012 en Ciudad del Vaticano, el cardenal Angelo Amato dio a conocer la autorización del papa Benedicto XVI para la canonización de la madre Laura Montoya, siendo la primera persona de nacionalidad colombiana reconocida como santa en la Iglesia Católica

Esta primera santa de tierra colombiana, nos enseña a no vivir la fe solitariamente, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida donde nos encontremos. Son sus virtudes de entrega y los actos milagrosos reconocidos por la iglesia los que la llevan a alcanzar este grado.

La madre Laura vive para la Iglesia y para extender sus fronteras no mide dificultades, sacrificios, humillaciones y calumnias. Como maestra forma con la palabra y el ejemplo el corazón de sus discípulas, en el amor a la Eucaristía y en los valores cristianos. En un momento de su trayectoria como maestra, se siente llamada a realizar lo que ella llamaba “la Obra de los indios”: En 1907 estando en la población de Marinilla, escribe: “me vi en Dios y como que me arropaba con su paternidad haciéndome madre, del modo más intenso, de los infieles. Me dolían como verdaderos hijos”. Este fuego de amor la impulsa a un trabajo heroico al servicio de los indígenas de las selvas  de América.

La solidez de su virtud fue probada y purificada por la incomprensión y el desprecio de los que la rodeaban, por los prejuicios y las acusaciones de algunos prelados de la iglesia que no comprendieron en su momento, llevada por el anhelo de extender la fe y el conocimiento de Dios hasta los más remotos e inaccesibles lugares, brindando una catequesis vivencial del Evangelio. 

Elige como celda la selva enmarañada y como sagrario la naturaleza andina, los bosques y cañadas, la exuberante vegetación en donde encuentra a Dios. Escribe a las Hermanas: ”No tienen sagrario pero tienen naturaleza; aunque la presencia de Dios es distinta, en las dos partes está y el amor debe saber buscarlo y hallarlo en donde quiera que se encuentre.

Su Autobiografía es su obra cumbre, libro de confidencias íntimas,  experiencia de sus angustias, desolaciones e ideales,   vivencias de su lucha titánica por llevar a cabo su vocación misionera. Allí muestra su  “pedagogía del amor”, pedagogía acomodada a la mente del indígena, que le permite adentrarse en la cultura y el corazón del indio y del negro de nuestro continente.

Entre sus frases más célebres resaltamos:

- "Entre los débiles y pequeños el triunfo es reservado a la mujer", con ella hace un llamado a la sociedad a valorar el trabajo de las mujeres.

- "El maestro como el sol debe expandir por doquier luz y calor".

- "Yo tengo sed de verdadera dicha y solo tú eres la verdadera fuente".

- "Mi único anhelo es verte conocido y amado por todos".

-"Oh Santo Evangelio, cómo quisiera llevarte como antorcha, a los últimos rincones del mundo".

- "No escribió por simple amor al arte… para ella el escribir fue una tarea más al servicio de un ideal misionero".

Pasó sus últimos 9 años de vida en silla de ruedas. Falleció en Medellín el 21 de octubre de 1949, tras una larga y penosa agonía.

A la madre Laura se le adjudicó el milagro de sanación de Herminia Gonzáles, una paciente enferma de cáncer. Ese acto fue confirmado hasta el 2004, año en el cual el Papa Juan Pablo II aprobó su beatificación. Pero el milagro clave que la llevó a ser canonizada fue el que realizó con el médico Carlos Eduardo Restrepo, quien en su lecho de muerte y con los santos óleos encima se encomendó a la madre Laura. Días después, el doctor logró recuperarse de una enfermedad crítica que para la medicina no tenía remedio. 

Laura Montoya es una mujer digna de ser imitada por todos los cristianos, especialmente los católicos; para que vivienciado la fe, sean capaces de seguir las exigencias de la cruz, del sufrimiento y el amor a la Iglesia, que hace presente a Cristo, en los pobres, en los vulnerables y los que sufren. 

Fuente: Varios - vatican

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