Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Agosto 12
El amor a la verdad como los balbuceos de la fe

10 de Agosto 2018
LITURGIA Agosto 12El amor a la verdad como los balbuceos de la fe

En el evangelio de la misa dominical seguimos con la lectura del capítulo seis del evangelio según San Juan, en este capítulo, mediante la imagen del alimento, se presenta la obra de la salvación de la humanidad que realiza Jesucristo.

El capítulo se abrió con el relato del pan que Jesús repartió en abundancia, luego siguen dos partes que explican cómo Dios obra la salvación de la humanidad por medio de Jesús, en la primera de estas partes se presenta a Jesús como el alimento enviado por Dios, el ‘pan que baja del cielo’; la segunda parte, mediante la figura metafórica de comer, el texto invita a los hombres a apropiarse del don que Dios ofrece en Jesús.

Hemos observado que narrativamente el capítulo avanza presentando una controversia entre Jesús que revela la obra de Dios y los galileos que se resisten a creer. En nuestro comentario al texto del domingo anterior destacábamos la invitación de Jesús a los galileos (y a nosotros) para empeñar a fondo la vida en el trabajo de Dios, el trabajo que Él desea realizar, consiste en constituirnos discípulos de Jesús: «La obra de Dios es esta: que crean en el que Él ha enviado» (v.29). Para los galileos esta revelación de Jesús les resulta desafiante y manifiestan que la vida la han tenido garantizada por el cumplimiento de la Ley de Moisés.

El texto del evangelio de la misa de este domingo (Juan 6, 41-51) se abre retomando la revelación con la que concluyó en texto de hace ocho días: Jesús es el pan bajado del cielo. Ahora los galileos cuestionan el origen divino de Jesús, el misterio de Jesucristo. En el texto griego esta actitud crítica se expresa con el verbo ‘góggyzo’, que se suele traducir como murmurar. Es la misma acción de los israelitas en el desierto que escuchamos en la primera lectura del domingo pasado: «la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto» (Éxodo 16, 2).

En la Biblia murmurar es un verbo que se emplea principalmente para referirse al rechazo que manifiesta alguien cuando se niega a aceptar el plan de Dios porque este plan cuestiona lo conocido, porque este plan, a quien busca creer, lo desaloja de aquello que le ha dado seguridad. En el evangelio de hoy a los galileos les resulta desafiante asumir que Dios realice la salvación por medio de Jesús, a quien tienen bien conocido como un hombre. Ellos tienen suficiente información sobre el hijo de José pero les resulta distante el misterio del Hijo de Dios; saben de la condición humana de Jesús e impugnan que sea capaz de dar la verdadera vida. Murmurar es la actitud de quien se resiste a abandonar su ‘área de confort’ para adentrarse en el misterio.

Respondiendo a la murmuración de los galileos Jesús nos hace avanzar hacia el segundo tema del capítulo: la necesidad de apropiarnos del don de Dios en Jesús y ello mediante la metáfora de comer. 

Para introducirnos en el tema de la apropiación del don de Dios en Cristo, el texto inicia recordándonos la obra o el trabajo de Dios: constituir a los hombres en discípulos de Jesús; ahora Jesús explica esta obra de Dios: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado». El trabajo del Padre es atraernos hacia Jesús, llevarnos a configurarnos como discípulos de Jesús.

Este obrar del Padre pareciera coercitivo y marginaría la experiencia cristiana del ámbito de la libertad del hombre. En este contexto San Agustín comenta que el Padre atrae no por la fuerza sino con deleite: «Hay cierto placer del corazón, para el que es dulce el pan celeste. … hacia Cristo se atrae el hombre que se delita en la verdad, en la justicia» (Tratado sobre el evangelio de Juan, 26, 4). 

El amor a la verdad lo podemos reconocer en la afirmación de Jesús: «Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí». Esto quiere decir que con la revelación de Jesucristo Dios viene a responder a las búsquedas íntimas del ser humano. Desde este deseo de tantos hombres hermanos nuestros por la justicia, por la verdad, por los derechos de los desheredados, podemos reconocer que Dios está atrayéndolos hacia Jesucristo para que en Él tengan vida. 

El cambio de paradigma del que nos viene insistiendo el PlanE nos permite contemplar el trabajo del Padre del cielo atrayendo a la humanidad hacia Jesucristo y nos hace mirar con esperanza el desafío de evangelizar en una época poscristiana.

En este contexto de la invitación a entrar en comunión con Jesucristo pasamos de la afirmación ‘Yo soy el pan bajado del cielo’ a otra algo diferente: ‘Yo soy el pan que da la vida’. Jesucristo es el pan que viene de Dios y que no deja morir a quien lo come.

Termina el evangelio de hoy con la revelación abierta de Jesús, este pan que no deja morir es su ‘carne’. En el evangelio según san Juan el término ‘carne’ hace referencia a la condición del Verbo encarnado (véase Juan 1, 14). Estamos aquí ante un nuevo anuncio de la Pascua de Jesús: Él se entregará a sí mismo para dar vida al mundo; esto evoca la anotación del narrador a propósito de la pregunta de Jesús con Felipe antes del signo de los panes: «Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer», ahora vamos comprendiendo qué es lo que Jesús va hacer para alimentar a la multitud, Él mismo se entregará para que todos tengan vida. 

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