Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Julio 1 
Dios no ha creado al hombre para el fracaso

29 de Junio 2018
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Julio 1 Dios no ha creado al hombre para el fracaso

En el evangelio de este domingo (Marcos 5, 21-43) leemos el final de una serie de milagros de Jesús que nos relata Marcos: la tempestad calmada, la liberación de un endemoniado, la sanación de una mujer y la reanimación de una niña muerta. Con esta serie Marcos expone el poder de Jesús sobre la naturaleza, sobre el demonio, sobre la enfermedad y sobre la muerte.

Este dominio de Jesús sobre las fuerzas que oprimen al ser humano ha venido manifestándose en un aumento progresivo; para reforzar este ‘crescendo’, en la narración del evangelio de hoy se mezclan dos relatos. La sanación de la mujer manifiesta que Jesús tiene poder para sanar, pero como si no fuera suficiente, este relato se ha insertado dentro de la narración del episodio de reanimación de la niña, quien, dentro del desarrollo de los acontecimientos, ha pasado de estar enferma a llegar ciertamente a morir: «Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: ‘Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?’». Para los de casa de Jairo, la nueva situación hace ya inútil la súplica a Jesús.

Al insertar dentro de la narración de la reanimación de la niña muerta el relato de la sanación de la mujer el evangelista nos quiere llevar a comprender que Jesús tiene poder para liberar al ser humano hasta en la situación extrema donde lo puede llevar el diablo. La primera lectura (Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24) concluye revelando que «por envida del diablo entró la muerte en el mundo», y Jesús precisamente libera al hombre de esta frustración.

Los versículos del Libro de la Sabiduría que escuchamos en la primera lectura evocan las primeras páginas del libro del Génesis, es decir, la bondad de la creación que sale de las manos de Dios, pero también la irrupción de la historia de pecado: «Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo a imagen de su propio ser; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan todos los de su bando». Evidentemente aquí se trata de la muerte no solo en el sentido del cese de funcionamiento de un organismo vivo, sino principalmente en la frustración del proyecto de Dios para el ser humano.

Desde esta situación de la amenaza sobre el proyecto de Dios para el ser humano, miremos en primer lugar el relato de la sanación de la mujer. Suele suceder que los relatos de curación se abran con la descripción calamitosa del enfermo; en el caso presente esta situación de sufrimiento se califica con el sustantivo griego ‘mástix’ que en castellano viene a ser ‘látigo’, ‘azote’ o ‘plaga’; y este ‘azote’ que atormenta a la mujer se describe con tres verbos: padecer (flujos de sangre), gastar (su fortuna), empeorar (su situación).

En el relato planea la idea de lo mágico, así que la mujer piensa que con solo tocar el manto de Jesús será curada; de otra parte Jesús nota que de Él ha salido una fuerza, pero en el desarrollo de la narración se hace el paso hacia la realidad de la fe cristiana. Se parte de un convencimiento personal para llegar a un encuentro personal que facilita la recepción agradecida de una gracia.

Según la Ley, se trata de una mujer en una situación de impureza continua y por ello marginada de la vida cultual y comunitaria (véase Levítico 15, 19-27). Esta mujer oyó acerca de Jesús y de su poder liberador y esto despertó en ella la fe que comienza por asumir la certeza de que el poder liberador de Jesús es mayor que la posibilidad de que ella pueda contaminarlo con su impureza. El relato nos hace pasar de una fe confianza a la realidad de acceder al don de Dios y a recibir con agradecimiento esta gracia.

Jesús, al sentir que de Él ha salido una fuerza, busca con su mirada tratando de ver quién lo ha tocado. La búsqueda persistente de Jesús hace consciente a la mujer de que ha sucedido algo más allá de lo íntimo o del orden de lo mágico, entonces se descubre ante Jesús para confesarle toda la verdad. La fe prepara al ser humano para recibir el don de Dios y a su vez esta recepción permite al hombre entender la verdad de su historia personal.

Esta profundización en el sentido de la fe cristiana tiene un segundo momento: la reanimación del cadáver la hija de Jairo. La petición inicial Jairo se expresa con dos verbos sanar y vivir: «Impón las manos sobre ella para que se cure y viva». La notica última de los de la casa del jefe de la sinagoga manifiesta que ya no es posible la curación y por lo tanto es inútil pensar en la vida. La respuesta de Jesús en primer lugar es una llamada a la fe.

Ya en la casa de Jairo Jesús se encuentra con una escena funeraria, «el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos», es la realidad de la muerte asumida como algo definitivo. Ante estas expresiones, Jesús manifiesta que la muerte es un sueño del que se puede ser despertado; esta revelación de la victoria sobre la muerte causa burlas entre los oyentes. Ahora Jesús se aleja de quienes ven en la muerte algo irremediable, aquí podemos entender una referencia a los mencionados al final de la primera lectura: la muerte la experimentan los del bando del diablo.

Jesús deja de lado a los del bando de la muerte y solo permiten que lo acompañen los padres de la niña y los tres discípulos predilectos. Entonces encara directamente la realidad de la muerte y da una orden: «Niña, levántate». Pero más que en la reanimación de un cadáver, el sentido de la fe nos invita a descubrir que Jesús nos lleva a participar del plan de Dios para toda la humanidad: «Dios no ha hecho la muerte ni se complace destruyendo a los vivos».

 

 

 

Comentarios

[[ comment.author.username ]] dice:

[[ comment.publication_date ]]
No hay comentarios recientes
« Volver a Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Desarrollo San Pablo Multimedia