Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Junio 10 
Necesidad de abrirnos a la gracia

08 de Junio 2018
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Junio 10 Necesidad de abrirnos a la gracia

En este domingo regresamos a la serie de domingos del Tiempo durante el año. La característica más señalada de este tiempo litúrgico es la lectura continua del relato del evangelio. 

Después de los domingos de Cuaresma y Pascua y de las fiestas de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y Sangre de Cristo, en la misa de los domingos retomamos la lectura del relato de del evangelio según San Marcos y lo hacemos ‘aterrizando’ en unos episodios que vienen a cerrar de alguna manera la etapa inicial de la actividad evangelizadora de Jesús en Galilea.

Cuando iniciamos la lectura del relato del evangelio según San Marcos fuimos viendo que Jesús principió su misión de hacer presente el Reino de Dios convocando a dos pares de hermanos para llevarlos a ser pescadores de hombres, esta enseñanza inicial nos mostró a Jesús liberando a personas marginadas de la religión y encendiendo el amor de Dios así para el endemoniado en la sinagoga, para la viejita arrinconada en casa de Simón, para el leproso que lo abordó desde el gueto de los impuros.

Pronto esta manera nueva de enseñar y con autoridad entusiasmó al pueblo pero también levantó sospechas en las autoridades religiosas y civiles; desde el centro religioso de Jerusalén envían rabinos para conceptuar sobre la actividad de Jesús.

En el evangelio de la misa de hoy (Marcos 3, 20-35) hallamos tres reacciones a la irrupción de Jesús en la historia: los cercanos creen que está fuera de sí, los escribas venidos de Jerusalén piensan que es agente del demonio, sus parientes directos se ven desplazados de su círculo cercano. Vergüenza ajena sienten sus parientes, obras del demonio conceptúan los expertos religiosos y, de parte de su familia, comprensible reclamo humano.

En el leccionario de la misa dominical la lectura de estos episodios está ambientada en la historia de pecado y de perdón que leemos en la primera lectura de la misa de hoy (Génesis 3, 9-15) allí se nos ofrece la reacción de la primera pareja humana a la experiencia del pecado: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí» y junto a este temor, de parte de Dios, la promesa de salvación: «Pongo hostilidad entre ti [el diablo]] y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza». Ello lo ratifica el salmo que cantamos una vez escuchado esta promesa: «Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón».

Este antecedente del leccionario nos lleva a centrarnos en la reacción de los escribas venidos desde Jerusalén y la respuesta de Jesús. Indudablemente el resultado de la evangelización obrada por Jesús es visto como algo sobrehumano, los inspectores que han bajado de Jerusalén atribuyen a un poder satánico la acción liberadora de Jesús. La respuesta de Jesús a esta acusación tiene dos partes, la primera apunta a desmentir la alianza con Satanás y la segunda atiende al tema del pecado y del perdón.

De plano Jesús rechaza toda vinculación con Satanás y lo hace desde un argumento lógico: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás?». El rechazo lógico a cualquier alianza con Satanás lo desarrolla Jesús a través de dos breves comparaciones: Un reino o una familia dividida no puede subsistir; el dominio de Satanás no termina por una autodestrucción sino porque ha llegado ‘uno más fuerte’. Así se refiere Juan Bautista al Mesías: «Aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo» (Mateo 3, 11; Lucas 3, 16).

Aunque la intención del texto no sea esta, podemos entender que Jesús no tiene reparos en presentarse a sí mismo a través de la imagen de un salteador que es capaz de someter al dueño de casa y arramblar con todas sus posesiones.

El tema orientado desde la primera lectura nos pide pasar a tratar sobre el perdón de los pecados. En esta parte, Jesús comienza recordando que la misericordia de Dios es ilimitada, pues Él perdona todos los pecados y blasfemias que pueda cometer el ser humano.

Es útil esbozar al menos una idea, en este lugar, sobre los conceptos de pecado y de blasfemia; el primero es lesionar los derechos del hombre y blasfemia lesionar los derechos de Dios. Todo ello lo perdona Dios, sin embargo Jesús advierte que este perdón queda retenido en el caso de lesionar al Espíritu Santo. Ahora Jesús aclara en qué consiste aquí esta blasfemia contra el Espíritu Santo: se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo, y que por eso obraba de esa manera.

Los escribas que habían bajado de Jerusalén satanizan la obra de Dios a través de Jesús, y así declaran que es diabólico devolver la dignidad a las personas liberándolas de la marginalidad, satanizan el poder divino con el que actúa Jesús.

El perdón de los pecados solo lo otorga Dios como una gracia, pero esta gracia no obra en quien se cierra a la acción de Dios, bien porque sataniza a Dios o porque diviniza al diablo. La misericordia de Dios es ilimitada, pero no se impone sobre la cerrazón del pecador, la gracia requiere ser acogida con agradecimiento.

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