Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Junio 3 
El memorial que nos lleva a experimentar el fruto de la redención

31 de Mayo 2018
LITURGIA Junio 3 El memorial que nos lleva a experimentar el fruto de la redención

Una vez concluidos los días de Pascua el calendario de la Iglesia nos propone celebrar cuatro fiestas que acompañan nuestro tránsito del tiempo pascual al ‘tiempo durante el año’ (tiempo ordinario), son cuatro celebraciones que nos sirven para comprender cómo la victoria pascual de Jesucristo se prolonga hoy en lo cotidiano de nuestra vida; hace ocho días celebramos la primera de ellas: la solemnidad de la Santísima Trinidad, en este domingo ocurre la segunda de estas cuatro fiestas: la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo era conocida antes como «Jueves del Corpus Christi» y se había establecido en el siglo XIII para ofrecer a los fieles la oportunidad de ahondar en el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía; la reforma litúrgica emprendida por el concilio Vaticano II le dio el actual nombre.

La oración colecta de la Misa de hoy es una síntesis muy bien lograda por el genio de Santo Tomás de Aquino (1225-1274) que expresa la fe de la Iglesia en la Eucaristía. En este ‘sacramento admirable’ la Iglesia recibió de Jesucristo el «memorial» de su pasión; el término ‘pasión’ nos evoca la sangre de Cristo derramada a la cual también remiten los textos bíblicos de este día.

En la tradición bíblica y en el sentir de la fe de la Iglesia el concepto de memorial, además de ser el recuerdo de un hecho acontecido en el pasado, es la forma de reconocer cómo el presente que estamos viviendo hoy es la consecuencia de aquel acontecimiento o intervención de Dios en la historia. Celebrar el memorial es reconocer que Dios realiza la salvación en la historia del mundo y que sus intervenciones salvíficas perduran a lo largo de los tiempos.

Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía realiza el memorial de la Pasión de Cristo, memorial que Él le entregó para hacer presente hoy en nuestra existencia ese acontecimiento salvífico de modo que quienes celebramos lleguemos a tener aquí y ahora el fruto liberador de su pasión, que es fuente de vida para nosotros. La Iglesia celebra la Eucaristía para hacer presente el poder salvador de Dios hoy para el hombre de hoy.

En nuestros días, la cultura del espectáculo impulsa a las personas a buscar experiencias siempre novedosas; desde este ambiente se enjuicia a nuestras celebraciones porque «son siempre lo mismo». Este modo de ver las cosas se presenta como una tentación que induce a buscar nuevos ritos o a incorporar en el memorial novedades para «hacer más dinámica la Misa».

Olvidamos que realizar el memorial es confesar que la salvación se da en la historia y por ello la novedad no debe buscarse en los ritos sino en la historia de los hombres que celebran. Celebramos el memorial para que la vida nueva de la Pascua se manifieste en nosotros, realizamos el memorial de la pasión de Cristo para que su poder liberador nos haga libres hoy y aquí.

En este sentido de «experimentar constantemente en nosotros el fruto de la redención» se expresa la finalidad de la petición de la oración colecta de la Misa de este domingo. Desde esta perspectiva el reto de una ‘buena celebración’ del memorial está en favorecer que el hombre llegue a poner su propia historia en la celebración y de esta forma llegue a darse cuenta de cómo Dios ha estado presente en ella salvando y cómo Dios está pasando hoy por esa misma historia personal.

En la petición central de la oración colecta, «te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre», el término ‘misterio’ es equivalente a sacramento. En su origen quizá con esta petición se buscó llamar la atención de los fieles hacia la presencia real de Cristo en la Eucaristía y el culto a ella debido. En este sentido podemos comprender que esta petición demanda de Dios la gracia de la fe para reconocer que Cristo está realmente presente en el sacramento de la Eucaristía para renovar hoy su entrega y de esta forma darnos vida.

En la primera lectura (Éxodo 24, 3-8) escuchamos el relato del establecimiento de la alianza de Dios con el pueblo de Israel, la descripción destaca el sacrificio de comunión mediante el holocausto de animales y el rito de la aspersión de la sangre sobre la comunidad de la alianza. En la tradición del antiguo Testamento la sangre se identifica con la vida (véase Génesis 9, 3-6; Levítico 17, 14), desde este sentido el rito de la aspersión de sangre nos está indicando que con la alianza Dios da vida al pueblo.

En el evangelio (Marcos 14, 12-16.22-26) Jesús realiza el gesto profético de partir el pan y entregarlo junto con la invitación a beber del mismo cáliz, todo ello para expresar el sentido de su muerte: Él se entrega y pide que comamos su cuerpo y bebamos su sangre para que la gracia que brota de su Pascua nos haga los hombres y mujeres de la nueva alianza.

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