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El padre Cándido de Jesús López Valencia, un hombre destacado desde niño

29 de Mayo 2018
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El padre Cándido de Jesús López Valencia, un hombre destacado desde niño

Fue un hombre de inmensa caridad, a la vez que una persona de un sentido práctico muy valioso. Y quizás hay una faceta que no se debe pasar por alto: fue para la Arquidiócesis de Bogotá y para la Conferencia Episcopal un hombre muy comprometido en las situaciones de crisis o de grandes dificultades de cualquier orden. 

El padre Cándido López entró al Colegio San José de Medellín en al año 1941, al curso preparatorio. Durante la primaria vio 58 materias diferentes. En 35 de ellas obtuvo como nota definitiva la más alta: 5. En las demás nunca tuvo calificaciones inferiores a 4. Hay características que asoman en la vida desde los primeros años de la existencia. En el Padre Cándido López, su amor por el estudio y el deseo de cultivar su inteligencia lo acompañaron desde muy pequeño hasta prácticamente los últimos días de su vida. Era una inteligencia privilegiada y a lo largo de su vida esto le sirvió enormemente para desempeñar su ministerio sacerdotal en la Arquidiócesis de Bogotá y en otras instancias de la Iglesia.

Había nacido el 2 de marzo de 1927 en La Ceja, Antioquia. Fue bautizado allí mismo al día siguiente en la iglesia parroquial, por el padre Jesús María Piedrahita. Recibió la confirmación el 23 de marzo del mismo año de manos del arzobispo de Medellín Manuel José Cayzedo. El bachillerato lo realizó en el Liceo de la Salle –Chapinero- en Bogotá. Recibió la ordenación sacerdotal el 6 de diciembre de 1955 para la arquidiócesis de Bogotá. Falleció en Rionegro, Antioquia, el día 27 de mayo de 2018, a la edad de 91 años, con 62 años de vida sacerdotal.

En las comunicaciones que tuvo a lo largo de su vida con sus superiores, los señores arzobispos de Bogotá, es común encontrar expresiones como las que siguen y que dan cabal idea de su sacerdocio: “He continuado orando, pidiendo al Señor luz para conocer su voluntad y fuerza para cumplirla. He comprendido en la oración y en mi abandono confiado en las manos de Nuestra Señora, que debo obedecer a Su Eminencia y estoy dispuesto a hacerlo de acuerdo con los compromisos de mi ordenación sacerdotal y la devoción filial que debo a Su Eminencia”. Y su vida fue exactamente el desarrollo de este pensamiento: vida espiritual, abandono en Dios y en la Santísima Virgen, obediencia a la Iglesia y servicio a la misma en comunión con sus pastores.

Desde esa disposición interior, el padre Cándido López prestó un servicio enorme a la Arquidiócesis de Bogotá, lo mismo que a la Conferencia Episcopal de Colombia y al Consejo Episcopal de Latinoamérica –Celam-. De esto dan testimonio los innumerables cargos que le fueron encomendados a lo largo de la vida. Parroquias como San Bernardino de Soacha, Santa Marta, San Pedro, Nuestra Señora de Egipto y Cristo Rey se vieron servidas por su dedicación pastoral. También fue vicario episcopal en las vicarías del Espíritu Santo, de la Inmaculada Concepción. Prestó sus servicios sacerdotales en el Santuario de Monserrate, como Rector, en el Seminario Mayor, como parte del equipo de directores, profesor y como síndico. Representó a los arzobispos en numerosas instituciones como la Universidad de América, Cáritas, la Fundación Zoraida Cadavid de Sierra, Colegio Bolívar de Soacha. Y otros muchos cargos lo vieron transitar con claro espíritu sacerdotal, de servicio y fidelidad a la Iglesia.

En toda su vida sacerdotal son muy variadas las características que es justo destacar en esta memoria escrita del padre Cándido López. Como ya se dijo, fue un hombre muy preparado, estudioso y actualizado. De ello daban siempre fe sus intervenciones dentro del clero y la predicación. Fue un hombre de inmensa caridad, a la vez que una persona de un sentido práctico muy valioso. Y quizás hay una faceta que no se debe pasar por alto: fue para la Arquidiócesis de Bogotá y para la Conferencia Episcopal un hombre muy comprometido en las situaciones de crisis o de grandes dificultades de cualquier orden. Soportó a la Iglesia en la crisis de la Caja Vocacional y también fue un baluarte para superar los problemas casi eternos de la parroquia de Egipto. Los arzobispos pudieron confiar siempre en él para las situaciones delicadas que no faltan en la vida de la Iglesia. Y en su correspondencia con los prelados tampoco le falta humildad: termina muchas veces pidiendo perdón por si pudo fallar en las tareas encomendadas. Cristiano de tiempo completo.

Al recordar en esta breve semblanza al padre Cándido López, emerge una figura sacerdotal muy consolidada por el ministerio ejercido, por su claro sentido de Iglesia y por la dedicación total al servicio de Dios. Reflejó también el Padre Cándido esa sólida formación teológica y pastoral que caracterizó al Seminario Mayor de Bogotá desde siempre y que ha dado a la Arquidiócesis innumerables levitas que han hecho del sacerdocio un reflejo claro de Jesús, Buen Pastor.  Deja este querido sacerdote una huella indeleble en la iglesia de Bogotá. Murió en paz, pobre y feliz, como debe morir todo ministro de Dios.

Fuente: Cancillería Eclesiástica

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