Formación

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LITURGIA Mayo 12 
La actuación del Resucitado a través de muchas personas

11 de Mayo 2018
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Mayo 12 La actuación del Resucitado a través de muchas personas

Los pastores de los primeros siglos de cristianismo, a quienes se suele llamar ‘Padres de la Iglesia’, acuñaron la expresión ‘economía de salvación’ para referirse a la obra de Dios; esta obra de Dios la explican ellos como el llamado a toda la humanidad para formar una sola familia, un solo pueblo. 

Muchos de los Padres de la Iglesia fueron de lengua griega, en este idioma el término economía reúne dos conceptos: ‘oikía’, que es casa en el sentido de comunidad, familia; y ‘nomos’ que es norma, estatuto, ley. Así, ‘economía’ –oikonomía– da la idea de proyecto de comunidad, de estatuto para construir una comunidad.

Tenemos, pues, que «economía de salvación», es la manera como los Padres de la Iglesia se refieren al proyecto de Dios para la humanidad, pues entiende la salvación como entrar a formar parte de la gran familia de Dios.

La renovación del mundo está ya decidida y es realidad a partir de la resurrección de Jesucristo, el primogénito de la nueva creación. Con el acontecimiento de la Ascensión del Señor al cielo se abre un tiempo nuevo dentro del proyecto de Dios, el tiempo de la «economía sacramental». El Reino de Dios entre los hombres que se inauguraba con la convivencia de Jesús con sus discípulos se prolonga a lo largo de la historia por medio de la Iglesia.

A partir de la glorificación de Jesús, no podemos pensar en Cristo sin su comunidad de salvación; después de la Pascua de Jesucristo el proyecto de Dios en la historia lo continúa realizando el Salvador por su actuar en el mundo a través de su cuerpo que es la Iglesia. El concilio Vaticano II afirma que para realizar la inmensa obra de la salvación de la humanidad «Cristo asocia siempre consigo a la Iglesia, su esposa amadísima (…) y así, el Cuerpo místico de Cristo, esto es, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público» (Sacrosanctum Concilium, 7) para santificar a los hombres y tributar alabanza a Dios.

El nombre «economía sacramental» es la forma como se llama al proyecto de salvación que, después de la Pascua de Jesús, se realiza a través de la Iglesia.

Decíamos arriba que con el acontecimiento de la Ascensión se inaugura el tiempo de la economía sacramental; el evangelio de la misa de este domingo (Marcos 16, 15-20) nos ayuda a comprender esta afirmación. Empecemos por diferenciar tres partes en el texto, en la primera tenemos el mandato de evangelizar que Jesús traspasa a sus discípulos, en la segunda se refieren los signos que acompañan la evangelización y en la tercera se narra la asunción (sí, la asunción) del Señor Jesús al cielo. Veamos cada parte.

El evangelio según san Marcos comenzó a contarnos la historia de Jesús presentándolo como evangelizador: «Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios» (Marcos 1, 14), la historia que nos cuenta el evangelista a lo largo de toda su obra es el desarrollo de esta presentación inicial. Pues ahora, después de su resurrección el Señor traspasa esta misión a los discípulos y le señala un alcance universal: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación». La misión tiene como destinatario toda la humanidad.

Los hombres, por su parte, tendrán que definirse ante el Evangelio creyendo o no creyendo. Creer significa acoger el Evangelio. Acoger la palabra del Evangelio, en el sentido bíblico, implica convertirse, esto es, orientar la vida según el proyecto de Dios; no hay acogida del Evangelio sin conversión. La conversión conduce al bautismo, y éste es el inicio de una existencia nueva. No creer quiere decir no asumir el proyecto expresado en el Evangelio, rechazar el plan de Dios, y con ello autoexcluirse de la comunidad de salvación.

La segunda pate del evangelio de la misa de este domingo refiere los signos que acompañan a los evangelizadores, estos signos están en relación con los carismas o dones que menciona el texto

del apóstol San Pablo en la segunda lectura (Efesios 4, 1-13): «A cada uno de nosotros le ha concedido Él sus dones de acuerdo con la distribución que Cristo hace (…) Y Él fue quien nos hizo apóstoles, o profetas, o evangelizadores, o pastores y maestros, con miras a la formación de los fieles».

Los signos dejan ver que el Señor obra conjuntamente con sus discípulos haciendo presente el Reino de Dios entre los hombres. Quizá hoy deberíamos comprender estos signos más que como la espectacularidad de contorciones de endemoniados o fenómenos de glosolalia, como la manera en que hombres y mujeres en comunión profunda de caridad con Cristo crean en sus hermanos condiciones de libertad para responder a Dios, la forma como discípulos de Jesús son luz para el mundo. Hablar nuevas lenguas bien puede ser comprendido como la manera de hacer significativo el Evangelio para los hombres y mujeres de nuestra cultura posmoderna.

Finalmente, en la tercera parte se narra brevemente la asunción del Señor Jesús: «Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios», pero esta ausencia no implica abandono, pues el Señor coopera con la actividad evangelizadora de los discípulos, obrando a través de ellos las condiciones de liberación para llegar a creer.

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