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 La cultura de la misericordia y del encuentro 

24 de Diciembre 2017
La cultura de la misericordia y del encuentro

Noveno día: 24 de diciembre

Signo: Un corazón

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1, 67-79

Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz». Palabra del Señor. 

Meditación

Hoy, víspera de la Navidad, después de una preparación de cuatro semanas de Adviento, este himno que llamamos Benedictus y que San Lucas ha puesto en boca de Zacarías, es un cántico que nos llena particularmente de alegría, pregustando ya la celebración del nacimiento del Señor. Anteayer el cántico del Magnificat, en boca de María, resumía la historia de salvación conducida por Dios. Hoy es el cántico del Benedictus que nos ayuda a comprender el sentido que tiene la venida del Mesías. Los nombres de la familia del Precursor son todo un programa: Isabel significa “Dios juró”, Zacarías, “Dios se ha acordado”, y Juan, “Dios hace misericordia”. En el Benedictus cantamos que todo lo anunciado por los profetas se ha cumplido “en la casa de David, su siervo”, con la llegada de Jesús. Que Dios, acordándose de sus promesas y su alianza, “ha visitado y redimido a su pueblo”, nos libera de nuestros enemigos y de todo temor, y que por su entrañable misericordia “nos visitará el sol que nace de lo alto” en el nacimiento de Jesús es cuando definitivamente se ha mostrado la fidelidad y el amor de Dios. El Benedictus es un hermoso cántico que la Iglesia ha cantado desde hace dos mil años. Cada día que rezamos en la mañana con la oración de Laudes, recordamos que para nosotros Cristo Jesús, es el centro de la vida, que quiere iluminar a todos los que caminamos en la tiniebla o en la penumbra, y comprometiéndonos a servirle “en santidad y justicia en su presencia todos nuestros días”, y “guiar nuestros pasos en el camino de la paz” a lo largo de la jornada. Con alegría aprendamos a entonar este cántico de alabanza a Dios, que proclama la misericordia y la credibilidad, el poder de Dios que ayuda a su pueblo y lo conduce hasta la plenitud de la vida. Descubramos en este hermoso himno lo que debe ser la clave de lectura de toda la obra de Jesús: la misericordia de Dios y cantémosle con gozo porque continuamente estamos recibiendo sus dones y 28 aprendamos a vivir nuestros días, en su presencia, llenos de confianza y fidelidad. Hoy, cuando las campanas de nuestras Iglesias anuncien la Navidad, cuando al canto del Gloria rompa el silencio del Adviento, cuando las palabras angélicas se sobrepongan al ruido del mundo, celebremos el amor entregado, la vida de bendición y de paz. Incluso, hoy cuando nuestra vida decida algún gesto de fraterna alegría, una sola palabra de cariño, estaremos dando vida en nosotros al gozo del Encuentro con el Señor de la esperanza. El Papa Francisco nos dice: Vayamos al encuentro del Señor, porque la Navidad no es sólo un acontecimiento temporal o un recuerdo de una cosa bonita. La Navidad es algo más: vamos por este camino para encontrarnos con el Señor. ¡La Navidad es un encuentro! Y caminamos para encontrarlo: encontrarlo con el corazón; con la vida; encontrarlo vivo, como Él es; encontrarlo con fe. Pero más allá de ser nosotros los que encontremos al Señor, es importante "dejarnos encontrar por Él". Cuando somos nosotros solos los que encontramos al Señor, somos nosotros los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra en nosotros, es Él el que vuelve a hacer todo de nuevo, porque esta es la venida, lo que significa cuando viene Cristo: volver a hacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. Nosotros estamos en camino con fe… para encontrar al Señor y, sobre todo, ¡para dejar que Él nos encuentre! Pero se necesita un corazón abierto:¡para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiere decirme, ¡que no es siempre aquello que yo quiero que me diga! Él es Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es un amor concreto! De persona a persona: el Señor persona me mira a mí persona. Dejarse encontrar por el Señor es precisamente esto: ¡dejarse amar por el Señor!. 8

Descargue la novena de navidad en el siguiente link: https://issuu.com/directorio2014/docs/arquidiocesis_bogota_-_novena_2017

8. Homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 2 de diciembre 2013.

Fuente: CEC / Vicaría de Evangelización

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