Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Julio 23
La fuerza es signo de debilidad y de miedo

21 de Julio 2017
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Julio 23La fuerza es signo de debilidad y de miedo

En el evangelio de la Misa el domingo pasado iniciamos la lectura del sermón en parábolas del relato según San Mateo. En el texto que leímos hace ocho días se nos ofrecía, además de la introducción, la justificación de esta forma de enseñanza de Jesús y la clave para alcanzar la hondura del mensaje. Recordemos que el auditorio de Jesús se dividió en dos grupos, de una parte está la gente que desde la playa escucha a Jesús y, de otra, los discípulos que lo acompañan en la barca. A ‘ellos’ ‒los que oyen desde la playa‒ Jesús les habla en parábolas, mientras que a los discípulos les explica los secretos del Reino.

 

Entendemos que lejos de tratarse de proponer el mensaje a través de historias de la vida cotidiana, el recurso de las parábolas responde a una estrategia de Jesús que nos impulsa a querer ser discípulos. Es necesario hacerse seguidor del Maestro (discípulo) para captar los misterios del Reino.

En el texto del relato de Mateo que continuamos leyendo este domingo (Mateo 13, 24-43) encontramos la narración de tres historias o parábolas; Jesús inicia cada una de estas historias proponiéndolas como comparación (en el texto griego ‘homoía’) para dar a conocer qué sucede con el Reino. Cada historia narrar el desarrollo de una acción, es decir, se parte de una situación inicial y se llega a otra situación diferente; ello nos lleva de inicio a pensar en el Reino como un proyecto que se está desarrollando en la historia. Es lo que podemos llamar la dimensión histórica del Reino o de la salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo. Las parábolas nos impulsan a comprender cómo Dios está realizando su proyecto de salvación en la historia personal y comunitaria de los discípulos.

Al acudir Jesús a estas comparaciones para explicarnos la manera como Dios(Padre) está llevando a cabo en el mundo el proyecto de salvación, reconocemos que el fondo Jesús nos está descubriendo la forma como Él percibe su actuar en medio de nosotros, pues el Reino es la misma presencia de Jesús en medio de la humanidad.

En este sentido las parábolas nos desentrañan la acción evangelizadora de Jesús al tiempo que nos esclarecen las condiciones para acoger el misterio que solo les dado conocer a los discípulos. Por eso en estas comparaciones hemos de reconocer la manera como se continúa hoy la misión de Jesús por medio de la Iglesia. Desde esta perspectiva asomémonos a las tres parábolas del evangelio de la Misa de hoy.

En la primera comparación, la historia de la semilla buena y la mala hierba ‒trigo y cizaña‒ se construye a partir de cuatro elementos: la siembra, la buena semilla, el campo y la mala hierba; en nuestro interés por descubrir en ello la misión de Jesús –y de la Iglesia– bien podemos entender respectivamente la misión (siembra), el Reino (buena semilla), el mundo (campo) y la resistencia al proyecto del Reino (mala hierba).

El momento crítico de la historia se presenta con la inesperada respuesta del patrón a la iniciativa de los trabajadores para eliminar la mala hierba: «Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha». Los obreros –nosotros, formados en una situación de ‘cristiandad’– posiblemente nos imaginamos el Reino como la fuerza absoluta y soberana de Dios imponiéndose sobre los que piensan diferente, persiguiendo hasta el último rincón a los que consideramos pecadores para crear una comunidad pura de santos.

Pero el proyecto del Reino se está realizando en el mundo de otra manera. En este punto resuena el eco de la primera lectura (Sabiduría 12, 13.16-19): «Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total. (…) enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce

esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento». La fuerza es signo de debilidad y miedo.

La historia de la buena semilla y la mala hierba hay que leerla junto a las dos historias siguientes, so pena de considerar a la Iglesia como una ‘secta de puros’. El Reino hoy no puede ser considerado como lo totalmente diferente al mundo, pues la misión de Jesús –y de la Iglesia– consiste en hacer presente el Reino precisamente en el mundo. Las otras dos parábolas (la semilla de mostaza y la levadura) revelan la manera como Jesús entiende que se implanta el Reino en el mundo y lo transforma.

La semilla minúscula de mostaza que un hombre siembre, se desarrolla hasta llegar a ser un árbol. La desproporción entre un inicio casi imperceptible y un futuro incontrovertible nos lleva a hace pensar que el Reino no es algo que nosotros calculamos o nos imaginamos. De otra parte, la historia de la levadura que se oculta (en griego ‘eg-krypto’, se ‘encripta’) en la masa y realiza un trabajo sin parar a fin de fermentarlo todo nos lleva a comprender la dinámica del Reino.

En las dos breves parábolas, el trabajo de un hombre sembrando una semilla pequeña y de una mujer ‘encriptando’ fermento (o levadura) reconocemos junto con la dinámica del Reino, la misión, primero de Jesús y luego de la Iglesia, de hacer presente el Reino en el mundo.

Imagen: aleteia

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