Editorial

Descripción sobre los principales acontecimientos del país Colombia desde la óptica de la Iglesia Católica. 

Esto pasó el día del Sagrado Corazón

27 de Junio 2017
 Dirección
Esto pasó el día del Sagrado Corazón

Nadie con sensatez puede dejar de reconocer el esfuerzo de todos los que trabajaron material y espiritualmente para que los fusiles dejaran de escupir fuego. Bien valdría la pena que políticamente se consagrara un día del calendario nacional para recordar el fin de un conflicto sobre cuyas nefandas consecuencias ya todo está dicho y escrito y quizás no valga la pena seguir abundando en ello

 

El pasado viernes 23 de junio se celebró la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, quizás una de las solemnidades religiosas que más ha marcado la vida colombiana. Ese día, no otro, sucedió la entrega de las armas que faltaban por parte del grupo ilegal Farc. Día, pues, de paz. ¿Coincidencia? No las hay en la historia que Dios va escribiendo con su mano suave y misericordiosa. Hace ya más de un siglo, en los inicios del veinte, el país también hizo un voto solemne al Sagrado Corazón de Jesús, para implorar la paz que la guerra de los mil días había quitado a la nación. La iglesia del Voto Nacional (al Sagrado Corazón) situada en el centro de Bogotá, fue erigida en esa ocasión y es hoy testimonio recuperado del fruto pacífico recogido también en aquella época. Sí: Colombia es el país del Sagrado Corazón y de esa consagración seguimos recogiendo los frutos que a veces la voluntad humana no puede producir.

Para la Iglesia la paz es esencialmente un don de Dios. Y por eso, antes que cualquiera otra tarea, ella siempre ha invitado a orar por la paz. Y nunca ha dejado de hacerlo, tanto a nivel local como universal. Para los escépticos, seguramente esto no es más que una acción de distracción. Para los creyentes, para la gente de fe, nada más natural que implorar y esperar del Creador todos los dones y bienes que requiere una vida con sosiego y progreso. Y no dudamos en pensar que, como lo enseña el Evangelio, todos los que trabajan sinceramente por la paz, son llamados realmente hijos de Dios y por eso gozan de su favor e iluminación. Cada persona que puso su corazón y su alma al servicio de la paz en Colombia ha sido instrumento generoso en las manos de Dios. Algunos de ellos lo saben, otros no, pero todos vienen siendo obreros del proyecto divino.

Ahora se impone una tarea, la más delicada de todas: cuidar este don maravilloso de la paz. Despejados amplios territorios de la geografía nacional, viene el reto de llegar allí con todo lo necesario para que nadie tenga que recurrir a la violencia para satisfacer sus necesidades básicas. Y en los grandes centros urbanos, donde vive la mayoría de la población colombiana, se hace todavía más urgente que la nación atienda los derechos básicos de toda la ciudadanía, para que se descubra que el orden social es capaz de responder a las necesidades de todas las personas, sin necesidad de acciones extremas que terminan siempre en conflictos y violencias. Hay que cuidar con esmero los logros sociales que ha construido el país y también es urgente focalizar lo que aún es tarea por hacer para ponerse manos a la obra.

Pero por el momento hay que alegrarse porque miles de armas han sido silenciadas. Nadie que tenga uso de razón puede negarse este momento de júbilo. Nadie con sensatez puede dejar de reconocer el esfuerzo de todos los que trabajaron material y espiritualmente para que los fusiles dejaran de escupir fuego. Bien valdría la pena que políticamente se consagrara un día del calendario nacional para recordar el fin de un conflicto sobre cuyas nefandas consecuencias ya todo está dicho y escrito y quizás no valga la pena seguir abundando en ello. Y quedó demostrado que Colombia, la idiosincrasia de sus gentes, es ajena a todo extremismo, sea este de índole político, militar, sociológico o religioso. A los colombianos les encanta el punto medio y por eso no tuvimos guerra civil, sino unos cuantos extremistas tratando de alterar la vida de los demás. Ha triunfado la sensatez… y el Sagrado Corazón de Jesús. Bien vale la pena confiar en Él.

 Imagen: OAC

Fuente: Dirección

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