Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Junio 4
Comunión para misión

02 de Junio 2017
LITURGIA Junio 4Comunión para misión

Durante las primeras semanas del tiempo pascual la liturgia de la Iglesia nos ayudó a profundizar en los frutos de la Pascua de Jesucristo en la vida de los discípulos a través de la iniciación cristiana; en las últimas semanas los textos de las oraciones y las lecturas bíblicas de la celebración nos vienen revelando de manera más explícita la acción del Espíritu Santo que el Padre del cielo y Jesucristo nos ofrece como un don.

En estas dos circunstancias reconocemos una experiencia continua que bien se puede recibir como lo propio de la vida de un cristiano: la comunión de vida con Jesucristo y por Él con el Padre y con el Espíritu Santo. Es decir, que el fruto de la Pascua de Cristo es la posibilidad cierta para el ser humano de entrar en la comunión de las tres divinas personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En la lectura continua de la despedida de Jesús que hemos venido siguiendo de manera continua en el evangelio según San Juan, hemos reconocido dos miradas de Jesús, una hacia el pasado, para recordar a los discípulos el tiempo de convivencia y de experiencia comunitaria del Reino de Dios; y otra mirada, hacia el futuro, en la que Jesús desvela cómo aquella experiencia de comunión en el amor de Dios, los discípulos la deben prolongar y hacer posible en las sucesivas generaciones de hombres y mujeres y por toda la faz de la tierra. Para esta misión de prolongación en la historia y en la geografía del mundo el Resucitado envía como don a los discípulos el Espíritu Santo.

La confesión de fe y la plegaria de la Iglesia en la oración colecta de la misa de este día así lo expresa: que «aquellas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica», por el don del Espíritu que actúa en el corazón de los fieles, se continúen realizando en nuestro tiempo.

Desde el acontecimiento del primer Pentecostés (Hechos 2, 1-11) precisamente por el don del Espíritu, la experiencia de comunión de Jesús con los primeros discípulos de viene actualizando de manera creativa y original en las diferentes comunidades de cristianos en el decurso de los siglos, de modo que los hombres de todas las culturas lleguen a decir: «Todos los oímos hablar en nuestras lenguas de las grandezas de Dios.»

La experiencia de comunión de Jesús con los primeros discípulos, en las que sus contemporáneos fueron descubriendo la presencia del Reino de Dios en el mundo, se reconstruye hoy a través de hombre y mujeres que, por su vocación cristiana, viven unidos en el amor de Dios con el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, y realizan las acciones de Jesús de restablecer la dignidad de las personas, como cuando liberó al leproso del que todos huían (Marcos 1, 40-42); o cuando le abrió un camino hacia el futuro a la mujer que fue sorprendida en adulterio al decirle: ‘De ahora en adelante…’ (Juan 8, 11).

Aquellas experiencias de la convivencia en las que los primeros discípulos descubrieron la cercanía de la misericordia del Padre se continúan hoy realizando también en la comunidad de los discípulos por el Espíritu que congrega a los cristianos en asamblea para la acción litúrgica, bien despertando en el penitente el amor que lo lleva a reconocer su pecado y emprender el camino de la penitencia, bien reuniéndonos como miembros de una misma familia para rememorar la entrega de Jesús y su resurrección en la Eucaristía.

En el texto de la segunda lectura de este domingo (1Corintios 12, 3b7-12-13) San Pablo expresa que el Espíritu crea y mantiene la unidad de los discípulos. A los cristianos de Corinto, que vivían divididos por favoritismos particulares hacia los evangelizadores ‒unos que dicen que están con Pablo, otros que dicen que están con Apolo…‒ y que rivalizaban por tener uno u otro carisma, el Apóstol les recuerda que el mismo Espíritu se manifiesta de diversas formas en cada uno para el bien de la comunidad.

Así como en la primera lectura el Espíritu lleva a que personas de diferentes pueblos entren en la confesión de una misma fe, al interior de la comunidad cristiana el Espíritu crea y mantiene la unidad de los diferentes miembros. En la segunda lectura San Pablo con la imagen del cuerpo, afirma que la Iglesia, teniendo muchos miembros, no por eso deja de ser un solo cuerpo.

Por su parte el texto del evangelio de la misa de Pentecostés (Juan 20, 19-23) presenta a Jesús, vencedor de la muerte, dejándose ver en medio de los discípulos en la tarde del mismo día de la resurrección. El que ha vuelto de la muerte anuncia a los suyos dos noticias, en primer lugar que les trae el Shalom: «¡Les trigo la paz!» En el lenguaje bíblico Shalom es la suma de los bienes que Dios otorga al ser humano, es decir, que con su resurrección Dios ha restablecido para el mundo la bondad con la que las creaturas salieron de las manos del Creador.

En segundo lugar, el Resucitado traspasa a la comunidad de sus discípulos la misión que Él recibió del Padre y que realizó plenamente cuando en la cruz dijo «Todo está cumplido.» Para ese traspaso de la misión Jesús hace un gesto que evoca la creación del primer hombre: «Sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’.» Por el don del Espíritu, los discípulos entran en comunión de vida con Jesús y participan de su misión, la misma que el Padre le encomendó.

Imagen: Abadia de Santa Escolastica

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