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Padre Pío, una reliquia para la humanidad

27 de Abril 2017
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones-Bogotá
Padre Pío, una reliquia para la humanidad

Tres reliquias de primer grado, de San Pío de Pietrelcina, recorrieron diferentes ciudades de Colombia desde el 3 de abril hasta el pasado miércoles 25. Son telas con la sangre del Padre Pío, los guantes que cubrían sus estigmas y una falange. Con una celebración solemne en la basílica menor de Nuestra Señora de Lourdes, partieron nuevamente para Italia, país de origen...

El Padre Pío tuvo la capacidad de leer los corazones y las conciencias. Fue un confesor admirable, centenares de personas hacían filas extensas para poder confesarse con él. Tenía el don de profecía y la curación milagrosa por el poder de la oración.

Además, tenía el don de la bilocación (estar en dos lugares al mismo tiempo) y la sangre de sus estigmas tenía fragancia de flores.

Llegaban a verle multitud de peregrinos y además recibía muchas cartas pidiendo oración y consejo. Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío no pudieron hacer cicatrizar sus llagas ni dar explicación de ellas. El Padre Pío decía que eran un regalo de Dios y una oportunidad para luchar por ser más y más como Jesucristo Crucificado.

Algo sobre su vida

Francesco Forgione nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, Italia, el 25 de mayo de 1887. Sus padres fueron Horacio Forgione y María Giuseppa. Creció dentro de una familia humilde.

Fue un niño muy sensible y espiritual. En la Iglesia Santa María de los Ángeles, la cual se podría decir fue como su hogar, fue bautizado, hizo la Primera Comunión y la Confirmación. También en esta misma Iglesia fue donde a los cinco años se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús.

Más adelante empieza a presenciar apariciones de la Virgen María que durarían por el resto de su vida. Ingresó a la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en enero de 1903.

Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910, en la Catedral de Beneveto, y en febrero de ese año se estableció en San Giovanni Rotondo donde permaneció hasta su muerte, el 23 de setiembre de 1968.

Los estigmas del Padre Pío

La palabra “estigma” proviene del griego y significa “marca” o “señal en el cuerpo”, y era el resultado del sello de un hierro candente con el cual marcaban a los esclavos. En sentido médico, estigma quiere decir una mancha enrojecida sobre la piel, que es causada porque la sangre sale de los vasos por una fuerte influencia nerviosa, pero nunca llega a ser perforación. En cambio, los estigmas que han tenido los místicos son lesiones reales de la piel y de los tejidos, llagas verdaderas como, en este caso, las del Padre Pío.

Durante su primer año de ministerio sacerdotal, en 1910, el Padre Pío manifiesta los primeros síntomas de los estigmas. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así: “En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor”.

El día 12 de agosto de 1912 experimentó por primera vez la “llaga del amor”. El Padre Pío le escribió a su director espiritual explicándole lo sucedido: “Estaba en la Iglesia haciendo mi acción de gracias después de la Santa Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego hirviendo en llamas y yo pensé que me iba a morir”. Manifestó.

50 años con las llagas de Jesucristo

Durante 50 años el Padre Pío llevó en su cuerpo las cinco llagas de Cristo crucificado. Siendo vivo ejemplo del amor, la misericordia y la obediencia al Señor y a la Iglesia.

Los preliminares de su Causa de Beatificación se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, su santidad Juan Pablo II lo pronunció venerable.

De esta manera, el venerable Padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la misa de beatificación que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber, sin ser estos lugares suficientes. Millones, además, lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

El día 16 de junio del 2002, su santidad Juan Pablo II canonizó al beato Padre Pío, quien desde ese momento pasó a ser el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.

A continuación, entrevista con Fray Ricardo Cubillos, de la orden de los Hermanos Menores Capuchinos en Colombia, quien conoció al Padre Pío y nos relata algo más de su vida:

 

En la basílica menor de Nuestra Señora de Lourdes las reliquias del padre Pío fueron despedidas con la celebración de la Sagrada Eucaristía. Monseñor Gabriel Londoño, quien presidió la ceremonia, destacó la importancia de seguir el compromiso de la fe como lo hizo el Padre Pío y aprovechar esta oportunidad para nacer de nuevo y emprender el Nuevo Rumbo hacia un camino de santidad en nuestras vidas.

A continuación, palabras de Monseñor Londoño:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: OAC

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