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Misa vespertina del Jueves Santo “en la Cena del Señor”

20 de Abril 2019
Misa vespertina del Jueves Santo “en la Cena del Señor”

En el evangelio de esta misa leemos que «sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía» (Juan 13, 1 y 3). Toda la atención se centra en tres aspectos que pudiéramos llamar el testamento de Jesús cuando regresa al Padre: la institución de la Eucaristía, la institución del Orden sacerdotal y el mandamiento de la caridad fraterna.

Sentido de la fiesta

La comunidad cristiana se reúne «esta tarde para renovar la cena santísima en la que el Señor Jesús, cuando iba a entregarse él mismo a la muerte, encomendó a sus discípulos el banquete que expresa su amor y el sacrificio de la nueva alianza» (oración colecta).

En la Eucaristía, Jesús nos ha dejado el sacramento para hacer memoria de su entrega, de su muerte y de su resurrección. En el ministerio sacerdotal Jesús nos deja la posibilidad de poder tener repetidamente, hasta que Él vuelva, la celebración de la Eucaristía. En el mandato de amarnos como hermanos, Jesús nos deja el signo por el cual los hombres han de distinguir a los cristianos.

En la Eucaristía, en el ministerio sacerdotal y en el mandamiento de la caridad fraterna Jesús no solo anticipa su entrega, sino que a través de ellos se hace presente en medio de la Iglesia. Por eso decimos que son «sacramentos», es decir, realidades o acciones simbólicas que nos permiten entrar en comunión con Él, realidades o acciones simbólicas que anticipan en nuestra historia la realidad definitiva del mundo inaugurado por la Pascua de Jesús.

 

Desarrollo de los ritos

Básicamente esta tarde tenemos el esquema de la celebración de la misa, con dos elementos propios: 1. el gesto del lavatorio de los pies a doce personas después de la homilía y 2. la procesión al final de la misa para llevar el Santísimo al lugar de la reserva o monumento.

 

Liturgia de la Palabra

La primera lectura (Éxodo 12, 1-8.11-14) es el relato del ritual de preparación del cordero pascual y de celebración de la cena pascual judía. La sangre del cordero, usada para teñir las puertas de los judíos, es la señal que librará de la muerte a los primogénitos.

El Salmo 116 es una oración de acción de gracias unida a una promesa. «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» Los dones que da el Señor son gratis porque no hay con que pagárselos, entonces el salmista propone un reconocimiento mediante unos ritos: «Alzaré la copa de la salvación, ofreceré un sacrificio de alabanza». Tenemos aquí una magnífica interpretación de la Eucaristía.

En la segunda lectura (1 Corintios 11, 23-26) San Pablo recuerda el sentido de la Eucaristía o Cena del Señor: «Cada vez que comen de este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor».

En el relato del evangelio (Juan 13, 1-15) encontramos la cena de despedida de Jesús en el marco de la cual el Maestro expresa el sentido de su entrega a través del gesto del lavatorio de los pies; Él muere y recobra la vida para que sus discípulos podamos hacer lo que Él hizo, es decir, ser capaces de amar entregando la vida como Él.

 

Liturgia de la Eucaristía

En esta misa se consagran las hostias para la comunión de los fieles en este día y el Viernes santo, día en el que no se celebra la Eucaristía. En la procesión para llevar el pan y el vino hasta el altar podría también llevarse los donativos de la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes desarrollada durante la cuaresma.

 

Procesión del Santísimo Sacramento

Generalmente, después de cada misa, se lleva al sagrario la Eucaristía y se guarda allí para la Comunión de los fieles enfermos o de quienes no pudieron asistir a la misa. Este rito, que se suele hacer después de cada misa, tiene especial significado en la celebración del Jueves santo, toda vez que el Viernes santo no hay misa. Lo que se llama ‘monumento’, en el fondo es la reserva de la Eucaristía, por ello no conviene que se exponga el Santísimo en la custodia. Tampoco se trata de dramatizar la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní, de modo que el lugar de la reserva de la Eucaristía no debe tener indicio de cárcel. Si este día se destaca el sagrario o la capilla de la reserva del santísimo, podremos comprender la vinculación entre reserva eucarística, presencia del Señor Jesús en la Eucaristía y celebración de la misa.

 

imagen: Movimiento de Vida Cristiana

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