Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Febrero 5
Fortalecer a los perseguidos por practicar la justicia

03 de Febrero 2017
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Febrero 5Fortalecer a los perseguidos por practicar la justicia

En la secuencia del relato del evangelio según San Mateo, el domingo anterior iniciamos la lectura del Sermón de la montaña; en esa ocasión comentábamos que este sermón es el desarrollo o ampliación del primer anuncio de Jesús: «Vuelvan a Dios, porque ya llega su reinado», también reconocíamos en este llamado a la conversión la clave para ahondar en el sentido del mensaje de las bienaventuranzas. De modo que volver a Dios significa tener hambre y sed de la justicia; orientar la vida hacia Dios implica practicar la justicia.

El texto del evangelio de la Misa de este domingo (Mateo 5, 13-16) hay que entenderlo como prolongación necesaria del mensaje de las bienaventuranzas. Antes de escucharlo, la liturgia de hoy prepara a la asamblea con la exhortación de Isaías que proclama la primera lectura; estos versículos (Isaías 58, 7-10) nos recuerdan el mensaje de las bienaventuranzas en cuanto ponen delante de nosotros las situaciones de indigencia, de privación y de dolor expresadas en las cuatro primeras bienaventuranzas; la segunda serie de cuatro bienaventuranzas exhortaban a poner por obra la justicia y esta invitación también está presente en el texto de Isaías.

Pero hay más, el oráculo del profeta se atreve a decir que practicar la justicia diviniza al ser humano, «surgirá tu luz en las tinieblas y tu oscuridad se hará como la luz del mediodía». Hermosa forma de describir la salvación: Dios hace libre al hombre, lo capacita con la gracia para que salga de sí mismo, obre la justicia y así llega a revelarse en él la gloria de Dios.

Desde esta confianza en la obra que Dios viene realizando en los discípulos, llegamos a los versículos del evangelio de este domingo. El texto repite varias veces el pronombre ‘ustedes’; aquí con este pronombre Jesús se refiere a quienes han atendido su invitación del kerigma y han entrado por la vía de tener hambre de la justicia y que por estar siguiendo este camino llegan a ser perseguidos. En este punto el Maestro quiere fortalecer la esperanza de los discípulos, que se ven perseguidos y calumniados por seguir el camino del Evangelio.

Jesús emplea tres imágenes para este propósito: la sal, la luz y una ciudad. La imagen de la sal puede tener varias interpretaciones a partir de sus varios usos, pero en el contexto del evangelio de hoy el sentido más propio es el de ser un condimento indispensable e insustituible. Desde este sentido, Jesús plantea algo insólito: que la sal deje de ser sal, es decir, que pierda su sabor. Esta insólita ‘desnaturalización’ de la sal nos lleva a pensar en la fidelidad de Dios, es el amor de Dios quien capacita al discípulo para obrar la justicia, es el amor de Dios la salinidad que lleva a los discípulos a ser sal. Desde esta perspectiva resulta también insólito que Dios deje de asistir con su gracia a quien sigue el camino del Evangelio.

Sin embargo hay la posibilidad de perder la participación de la gracia; esta situación se presenta con términos que nos traen la imagen del juicio: ser arrojados (véase Mateo 8, 11s.) y ser pisados (véase Isaías 63, 3). Esta advertencia para no dejar de participar de la gracia aparece también en la alegoría de la vid en el evangelio según San Juan: «El sarmiento no puede dar fruto por sí solo si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí» (Juan 15, 4).

La imagen de la luz ya la había aplicado el evangelista a la misión evangelizadora de Jesús en el texto que leímos hace tres domingos cuando explicaba que la actividad del Maestro venía a dar cumplimiento a lo anunciado por el profeta: «El pueblo que andaba en tinieblas vio la luz de un gran día; vivían en sombras de muerte, y una luz les brilló» (Mateo 4, 16). En el evangelio de hoy la imagen nos invita a ser conscientes de nuestra vocación: ser luz del mundo. Desde la primera lectura se puede comprender que el discípulo es luz cuando hacen brillar sus obras, obras fruto de la comunión con Dios. La comunión con el amor de Dios, que es la fuente de la vida cristiana, no puede ocultarse, esta presencia de Dios en el seguidor de Jesús convierte al discípulo en sacramento de la presencia de Dios para el mundo, como lo fue Jesús.

Imagen: La vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret

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